Sobre este blog

Este blog está dedicado a: 1.- Publicar las listas completas de personas asesinadas o desaparecidas en las localidades de Campana y Zárate, durante el período 1974-1983. También se ofrecerá información sobre aquellos que, procediendo de dichas ciudades, fueron detenidos en otros lugares del país. 2.- Investigar y publicar sobre los centros clandestinos de detención que funcionaron en la zona. 3.- Confeccionar y publicar listas completas de represores y colaboradores de la represión en ambas ciudades. 4.- Denunciar las complicidades, de ayer y de hoy, de funcionarios públicos o privados, de políticos, de profesionales y comerciantes que se constituyeron en base de sustentación de la dictadura militar dedicada al terror y sometimiento de la población. 5.- Reflexionar sobre las causas y consecuencias en el orden local y nacional de estos terribles sucesos.

martes, enero 27, 2009

DESAPARECIDOS QUE NO FIGURAN EN LAS LISTAS DE LA CONADEP

Estos compañeros no figuran en las listas de la Conadep

  • ARREAGUE, Carlos
  • ARRIAGUE, Nelson
  • BARRERA, Ana
  • BLANCO, José
  • CASTILLO, Horacio
  • CORMAK (“Pelusa”)
  • DOS SANTOS, Hilario
  • DUARTE, José María
  • FRUTOS (“Bigote”)
  • GOMEZ, Carlos
  • GOMEZ, Jorge Rubén (“Oso”)
  • GOMEZ, Romualdo Omar
  • GORDILLO, Pascual
  • KEBECZ (“Negro”)
  • MARWHES, Alberto F.
  • POMPA, Carmelo
  • TORRENTE, Juan José
  • VILLAVERDE, Oscar (“Cacho” / ”Cabeza”)
1º PARTE - LOS CASOS ACINDAR, ASTARSA y DÁLMINE SIDERCA

Complicidad patronal -militar en la última dictadura Argentina

El artículo aquí publicado pertenece a la historiadora Victoria Basualdo (UBA - Universidad de Columbia) y nos aproxima a la relación entre grandes empresas y fuerzas militares en la última dictadura. Ofrece evidencia sobre la complicidad patronal militar durante la dictadura, a partir de datos, cuyas fuentes se citan al pie, y que involucran a empresas como Acindar, Astarsa, Dálmine Siderca, Ford, Ledesma y Mercedes Benz.
Este trabajo desmenuza la participación de sectores civiles empresarios en alianza con los mandos militares, y propone una investigación más profunda del papel de las cúpulas empresarias, que acrecentaron su centralidad económica y social y su influencia política en los últimos treinta años, en medio del cambio estructural operado en la Argentina desde mediados de los años '70.
Este artículo fue inicialmente publicado en Marzo de 2006 por la FETIA (Federación de Trabajadores de la Industria y Afines) de la CTA en un suplemento especial por los 30 años del golpe.


LOS CASOS ACINDAR, ASTARSA y DÁLMINE SIDERCA

El presente artículo se propone recuperar, a treinta años del golpe militar del 24 de Marzo de 1976, un aspecto fundamental de esta historia: la complicidad entre grandes empresas y fuerzas armadas. Aunque desde hace algunos años y hasta la actualidad diversas denuncias impulsadas por parte de los trabajadores contra los grupos empresarios han sido difundidas por los medios de comunicación, la evidencia reciente recogida tanto por parte de investigadores independientes como a partir de diversas acciones judiciales no ha sido reunida en un solo trabajo, ni sus implicancias han sido suficientemente analizadas. Este artículo se concentrará en seis de los más resonantes casos de complicidad entre el empresariado industrial y las fuerzas represivas: los de las empresas Acindar, Astarsa, Dálmine Siderca, Ford, Ledesma y Mercedes Benz. Luego de sintetizar sus particularidades, se destacarán algunos aspectos que estos casos tienen en común, con el objeto de precisar las características de la relación entre empresas y fuerzas militares durante la última dictadura. Finalmente, se analizarán las implicancias que estas nuevas líneas de investigación tienen respecto a las interpretaciones vigentes de la historia del período.I. La evidencia disponible sobre estos casos de complicidad patronal-militara) AstarsaLas primeras instalaciones del astillero y establecimiento metalúrgico se establecieron en el Tigre durante la década de 1920, aunque la empresa se constituyó como sociedad anónima bajo el nombre Astarsa en los años ‘40, teniendo como accionistas mayoritarios a la Sociedad Importadora y Exportadora de la Patagonia, propiedad de la familia Braun Menéndez, y Estrabou y Cía. De acuerdo a las estimaciones disponibles, la empresa empleaba a mediados de la década del ‘70 alrededor de 1.500 obreros, de los cuales aproximadamente 800 eran trabajadores metalúrgicos, y 700 eran navales. Aunque los salarios pagados en la empresa eran relativamente altos, dado que la mayoría de los trabajadores realizaban tareas calificadas, el trabajo se desarrollaba en pésimas condiciones de salubridad: “El golpeteo incesante sobre metales y chapas poblaba el aire de ruidos sordos. Las emanaciones tóxicas de pinturas y material de soldadura producían afecciones pulmonares de distinto grado de complejidad. Los casos de esterilidad y accidentes de trabajo con las soldaduras autógenas eran frecuentes. Un oficial calderero, por ejemplo, trabajaba vistiendo pesadas ropas de cuero para protegerse de las chispas en ambientes de más de 50 grados de calor dentro de los compartimientos estancos de los barcos donde por las reducidas dimensiones se concentran gases con gran facilidad.” Entre 1971 y 1973, un grupo de trabajadores jóvenes que ingresaron a trabajar en la planta comenzaron a cuestionar las condiciones sumamente precarias de trabajo y la deficiente representación sindical que ofrecía el Sindicato de Obreros de la Industria Naval (SOIN). Conformaron una agrupación, que se presentó a elecciones a fines de 1972 con la denominación de Lista Marrón. Aunque en una primera instancia el accionar de la agrupación fue limitado, y varios miembros de la lista fueron despedidos por la empresa, una sucesión de accidentes de trabajo (que no eran tales, sino que estaban explicados por las deficientes condiciones de trabajo y la ausencia total de asistencia médica adecuada) que culminaron en la muerte de varios obreros, originaron una creciente movilización por parte de todos los trabajadores de la fábrica, que culminó en una toma del establecimiento en Mayo de 1973, coincidiendo con la asunción del gobierno por parte de Héctor Cámpora. Entre 1973 y 1975 la agrupación que aunque tomó el nombre de José María Alessio (el nombre de uno de los trabajadores muertos en un “accidente” en la fábrica) seguía presentándose a elecciones como Lista Marrón, obtuvo un impresionante avance en la representación de los trabajadores, y muchas conquistas sindicales, entre los que se destacó la creación de la Comisión Obrera de Higiene y Seguridad, relacionada con el Instituto de Medicina del Trabajo y con la Universidad Tecnológica Nacional, además del establecimiento de relaciones estrechas con otras trabajadores de otras fábricas de la zona norte. Como resultado de sus acciones, y de su afiliación a la JTP (Juventud Trabajadora Peronista), en 1975 varios de los militantes fueron secuestrados por grupos paramilitares y fueron salvajemente torturados, aunque la intensa movilización de trabajadores de las fábricas de Tigre y vecinos logró su liberación. En enero de 1976 continuaron los secuestros, y en febrero tres militantes aparecieron muertos, totalmente desfigurados. El día del golpe militar, el 24 de Marzo de 1976, fuerzas del ejército al mando del teniente coronel Molinari, quien se desempeñaba en la Escuela de Ingenieros de Campo de Mayo, acordonaron la entrada a Astarsa, Mestrina y Forte, con tanques de guerra, carros de asalto y helicópteros, en un operativo que se extendió hasta el día siguiente. Con la anuencia de la empresa, que permitió de buen grado su presencia y colaboró en su identificación, detuvieron a alrededor de 60 obreros, a quienes condujeron a la Comisaría 1ª de Tigre. De acuerdo a los testimonios de trabajadores que sobrevivieron, los militares poseían instrucciones precisas, la primera de las cuales era desmantelar el cuerpo de delegados y la comisión interna. Además de los asesinados y secuestrados, se calcula que 16 de los obreros y delegados continúan desaparecidos hasta la actualidad.El caso de Jorge Rampoldi sirve para ilustrar las estrechas relaciones entre la empresa, sectores del sindicalismo burocrático y las fuerzas militares. Rampoldi, afiliado a la CNU (Concentración Nacional Universitaria, organización universitaria de extrema derecha) se desempeñaba en un cargo administrativo de la oficina de personal de Astarsa, a lo que sumó luego su papel como asesor letrado del SOIN (sindicato de navales, de tendencia burocrática), para terminar participando en la intervención al sindicato. En los juicios llevados adelante en Italia respecto a desapariciones en Argentina durante la última dictadura militar se lo implicó como uno de los responsables de la desaparición y el asesinato de dos trabajadores de Astarsa, Martino Mastinú, llamado “el Tano” por sus compañeros, y su cuñado Mario Marras, al que le decían “el Tanito”. Por otra parte, un grupo de trabajadores sobrevivientes de Astarsa, al tomar conocimiento en 2003 de la designación de Rampoldi (quien antes se había desempeñado como viceministro de trabajo de Carlos Ruckauf en la Provincia de Buenos Aires) como Director Nacional de Migraciones, realizaron una presentación ante la Comisión de Derechos Humanos del Congreso Nacional, que derivó en la convocatoria de audiencias en Julio y Agosto de 2003. Tanto en la presentación como en las audiencias se denunció que tanto Rampoldi como otros miembros de la intervención al sindicato habían sido identificados como miembros de los grupos que secuestraron a obreros de Astarsa y a sus familiares. En particular, se lo acusó de intervenir en el secuestro del obrero Aldo Ramírez, quien fue llevado al campo de concentración situado en Campo de Mayo, donde fue salvajemente torturado y luego expuesto ante otros secuestrados. Asimismo, se señala que el 16 de Marzo de 1976, luego de que la esposa de uno de los obreros fuera secuestrada, un grupo de trabajadores se dirigió a la oficina de personal de Astarsa para notificar a Rampoldi de lo sucedido y requerir su colaboración para localizarla. Según los testimonios, Rampoldi les respondió: “Ustedes no existen, no se dan cuenta? Ahora cuando nosotros queremos los cagamos a tiros.”b) AcindarLa empresa Acindar Industria Argentina de Aceros S.R.L. se fundó en el año 1942 en la ciudad de Rosario, ante la necesidad de acero en un contexto de restricciones a las importaciones, debido a la Segunda Guerra Mundial. La firma se constituyó a partir de la asociación de dos empresas constructoras: la empresa Acevedo y Shaw y la Compañía de Construcciones Civiles de Aguirre y Aragón, y la mayor figura de su fundación fue el Ingeniero Arturo Acevedo. En 1951 Acindar realizó su primera ampliación, instalando en Villa Constitución, Provincia de Santa Fe, la denominada “planta 2”, establecimiento al que nos referiremos en este apartado. Para comprender la relación entre la empresa Acindar y las fuerzas armadas resulta necesario detenerse brevemente en la historia gremial de Villa Constitución en esos años, en especial en el sindicato de trabajadores metalúrgicos (que agrupaba a los trabajadores de Acindar, Metcon, Marathon, Villber, entre otras plantas metalúrgicas que constituían el núcleo central de la actividad económica en la localidad). En el mes de Noviembre de 1974 se llevaron a cabo las elecciones de la UOM Villa Constitución, en las que la Lista Marrón, que representaba a la tendencia combativa que había ido organizándose desde comienzos de los años ´70 y estaba encabezada por Alberto Piccinini, triunfó con más del 65% de los votos. La nueva conducción duró apenas tres meses en el sindicato. En la madrugada del 20 de Marzo de 1975, Villa Constitución, junto con varias otras localidades del cordón industrial a lo largo del Río Paraná, fue ocupada militarmente (en un operativo conjunto de las policías provincial y federal y de la prefectura naval) por una decisión del gobierno nacional, ante una supuesta “conspiración” contra el gobierno, orquestada a lo largo del cordón industrial y con sede principal en Villa. Una columna de un kilómetro y medio de automóviles y camiones, compuestos por policías provinciales, federales, matones de la derecha sindical peronista y asesinos ligados a la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista), como Aníbal Gordon, entre otros, invadieron la ciudad. Líderes y militantes sindicales fueron arrestados en sus casas, en las rutas o lugares de trabajo, desde allí trasladados a Rosario y finalmente confinados a la prisión de Coronda. Se produjeron alrededor de 300 arrestos, que incluían a toda la comisión Directiva de la UOM (con la excepción de Luis Segovia, que logró escaparse) y a los activistas de la CGT regional. A pesar de la profundidad del golpe represivo, se produce al día siguiente la respuesta obrera: una huelga de “brazos caídos” dentro de las plantas, incluida Acindar. El Comité de Lucha, conformado por nuevos dirigentes en reemplazo de los ya detenidos, mantuvo la medida de fuerza durante 61 días, con el apoyo no sólo de los trabajadores, sino también de sus familias y de los “comités barriales,” hasta el 17 de Mayo de 1975, cuando una asamblea de 2.500 trabajadores aprobó unánimemente el levantamiento de la huelga. El lunes 19 los trabajadores metalúrgicos volvieron a las fábricas y comenzaron los despidos, que alcanzaron a más de 400 activistas. La represión no se detuvo allí, sino que por el contrario continuó durante 1975 y 1976, intensificándose aún más luego del golpe militar. Los presos de Villa Constitución fueron trasladados a las diferentes cárceles del país, torturados y castigados de todas las formas posibles. Algunos de ellos, una vez liberados, se dirigieron al exterior, mientras que otros soportaron el exilio interno y perdieron sus trabajos debido a las listas negras que circulaban de empresa a empresa. Y sin embargo corrieron mejor suerte que los trabajadores secuestrados a partir de 1976, que nunca más aparecieron. La participación de la empresa en este proceso adquirió varias formas. Testimonios brindados ante la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, creada por el gobierno de Raúl Alfonsín en los inicios de su gobierno) indican que ya desde la escalada represiva desatada a partir de la “ocupación militar” de 1975 existían vínculos estrechos entre las fuerzas policiales y la empresa. Uno de los testigos señala que los vehículos desde los cuales partieron las balas que mataron a un trabajador portuario y a un vendedor de diarios en Abril de 1975 habían tenido libre acceso al camino de INDAPE, firma entonces controlada por el grupo Acindar. Al día siguiente, durante la movilización de los trabajadores de Acindar en contra de estos asesinatos y otras intimidaciones, un helicóptero de la Policía Federal se dedicó a “marcar” y a hostigar a los manifestantes. Dicho helicóptero había estado estacionado (y desde allí había partido para reprimir a los trabajadores) en el helipuerto de Acindar. Luego de estos sucesos, los efectivos policiales y parapoliciales instalaron un cuartel en el denominado “albergue de solteros”, ubicado dentro del predio de Acindar, en el que funcionaban entre varias decenas de efectivos, algunos de los cuales, como el oficial principal Mujica, recorrían la ciudad en automóviles sin patentes acompañados por efectivos de civil. Colaboraban con ellos supuestos obreros de la fábrica Acindar, en realidad informantes de las fuerzas policiales, entre los que se destacaba uno, Raúl Antonio Ranure. Este cuartel era utilizado como centro de detención e interrogatorios por parte de la Policía Federal. Los efectivos destacados dentro de Acindar no debían preocuparse por los gastos, ya que la empresa los proveía con todo lo que les fuera necesario. Otros testigos acreditan que el automóvil en que se desplazaba el supuesto operario de Acindar, Ranure, era guardado en un galpón y custodiado por efectivos de civil que provenían del cuartel en Acindar. Indican asimismo que tanto Ranure como Mujica habían participado en numerosos operativos en la ruta que une San Nicolás con Villa Constitución, y que varios de estos detenidos fueron conducidos, encapuchados, hasta el cuartel ubicado en el predio de Acindar. Estos efectivos, junto con la oficialidad de la Policía Federal, planificaban las operaciones contra los trabajadores metalúrgicos dirigentes de la Lista Marrón, y los automóviles que utilizaban fueron identificados como participantes en los operativos en los que asesinaron a la abogada De Grandis, y a los obreros de Acindar Carlos Ruesca y Julio Palacios.La existencia de un destacamento en el interior del predio de la fábrica fue confirmada no sólo por testimonios de vecinos y víctimas, sino también por las propias fuerzas de seguridad implicadas en la represión. Carlos Rampoldi, comisario inspector, el 30 de agosto de 1984, declaró ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, constituida en Villa Constitución: "En el año 1977 ingresé a la Jefatura de la policía de Villa Constitución con el cargo de comisario inspector a cargo de la División Informaciones; en ese momento el grupo de Los Pumas ya estaba acantonado en la fábrica de Acindar, cumpliendo tareas. Este grupo tenía su lugar de asentamiento en Santa Felicia, cerca de Vera, y en ese momento, al mismo tiempo, había una fuerza de tareas conformada por unos cuarenta hombres, que venían de distintas unidades del Litoral, provenían de distintas brigadas, estaban un mes y los renovaban por otro contingente. Estaban dirigidos por personal de baja categoría. De ese grupo se desprendía una sección para cuidar Rosario. En la práctica ellos dirigen los procedimientos, como detenciones o custodia de un lugar, y pedían nuestra colaboración..."Por su parte, Rodolfo Peregrino Fernández, ex comisario de la Policía Federal relató ante la Comisión Argentina de Derechos Humanos, en 1983 que “las patronales de las industrias metalúrgicas instaladas allí, en forma destacada el presidente del directorio de Acindar, ingeniero Arturo Acevedo, establecieron una estrecha vinculación con las fuerzas policiales mediante pagos extraordinarios en dinero”, aclarando que “pagaba a todo el personal policial, jefes, suboficiales y tropa, un plus extra en dinero, suplementario al propio plus que percibían ya del Estado esos efectivos.” Agregó que “Acindar se convirtió en una especie de fortaleza militar con cercos de alambres de púas. Los oficiales policiales que custodiaban la fábrica se alojaban en las casas reservadas para los ejecutivos de la empresa...". Pero quizás la demostración más cabal de la mancomunión de los intereses de la empresa y de la dictadura esté centrada en la figura de José Alfredo Martínez de Hoz, quien pasó de ser presidente de Acindar hasta 1976, a ocupar el cargo de Ministro de Economía de la Nación a partir del golpe militar, posición desde la que se encargó de otorgar innumerables beneficios a su empresa, que a lo largo de la dictadura se benefició de los regímenes de promoción industrial (a expensas de la empresa estatal SOMISA), de la transferencia de su deuda privada al estado, y de cuantiosas transferencias de recursos que cimentaron su expansión como grupo económico. c) Dálmine SidercaLa empresa Dálmine Siderca, propiedad del grupo económico Techint y hoy integrante de la alianza comercial TenarisSiderca, se estableció en la localidad de Campana, Provincia de Buenos Aires, en 1954. Constituye uno de los casos menos conocidos de participación empresaria en el proceso represivo, debido a dos factores principales. Por un lado, la campaña por parte de la dirección de la empresa y del grupo Techint tendiente a deslindar responsabilidades por las desapariciones y asesinatos de sus trabajadores, y a atribuir la responsabilidad exclusivamente a las fuerzas militares, lo que ha vuelto más difícil la tarea de encontrar pruebas de la complicidad entre la empresa y las fuerzas represivas. Por otro lado, el papel central de la empresa en la ciudad de Campana en términos económicos, comunitarios y sociales, así como el poderío económico del grupo Techint, han servido como factor de disuasión tanto para trabajadores de la empresa como para los familiares de las víctimas y los vecinos en general que fueron testigos de la connivencia de la empresa.Sin embargo, es posible rescatar una serie de elementos que prueban de manera contundente la colaboración de la empresa en el proceso represivo. Testimonios de trabajadores de la fábrica indican que muchas de las características presentes en otros de los casos también se dieron en Dálmine Siderca, como la presencia de personal del ejército en la puerta de la fábrica con listados de personas “marcadas”, la contratación, a partir del golpe militar de supuestos nuevos trabajadores que eran en realidad agentes de las fuerzas represivas, y la detención e intento de detención de trabajadores en la propia fábrica. Otro elemento en común con otros casos es el hecho de que la mayor parte de los desaparecidos de la zona eran trabajadores con fuerte activismo gremial, entre los que se destacaban los obreros de esta fábrica en particular.Asimismo, existen algunos sucesos particulares que demuestran a las claras la relación estrecha con las fuerzas militares. Un incidente clave fue el conflicto desatado en la fábrica por falta de pago de premios en 1979. Los trabajadores se movilizaron y convocaron una asamblea, dentro de la fábrica, frente a las oficinas de Personal. A pesar de la presencia del coronel Zapata, del Área Conjunta 400, en la asamblea, los trabajadores resolvieron reclamar por el pago; reivindicación que, aunque parcialmente, se logró a regañadientes de la empresa y la Directiva gremial que había intentado impedir la asamblea por todos los medios. El coronel Zapata, en otro intento por disuadir a los obreros, había dicho a uno de los trabajadores que impulsaba la movilización:“...se acabó. Es la última vez que lo mando llamar. La próxima lo mando a buscar...”, demostrando claramente la plena coincidencia entre los intereses patronales y los militares. A pesar de estas presiones, los trabajadores decidieron impulsar el conflicto en una asamblea con voto a mano alzada, hecho más que inusual en esos tiempos. El desarrollo de este conflicto y sus implicancias fueron descriptos por los trabajadores Ángel Recúpero (actual secretario general de la seccional Campana de la Unión Obrera Metalúrgica) y Luis Alberto Tavares (que junto a Recúpero había sido miembro de la comisión interna de Dálmine Siderca durante 17 años), en un testimonio clave: “El conflicto fue durísimo. La primera asamblea no fue presidida por los delegados, sino por un grupo de oficiales del Ejército con ametralladoras y bayonetas. Los militares concedían el uso de la palabra. Y algunos activistas trataban de hacer equilibrio entre lo que debían reclamar y el cuidado de la propia vida. Pocos cometieron el pecado de apasionarse demasiado. Uno de ellos se llamaba Juan José Colorado Torrente. A otro se lo conocía como Pascual Gordillo. La primera asamblea pasó, luego vinieron las reuniones de los activistas en el vestuario de la acería. Eran encuentros atípicos, de no más de 30 empleados. Acudían, si se animaban, dos por cada sector. Antes de entrar, los paraba un subteniente para pedirles los nombres, los documentos e interrogarlos convenientemente. Protagonizaron tres días de huelga general, y las reivindicaciones fueron obtenidas. Cuando terminó la segunda jornada de paro, Torrente salió de la planta junto a dos de sus compañeros, cruzó la avenida Mitre, enfiló para su casa, en el centro del barrio Siderca, dejó al último operario en su domicilio y... nunca se lo volvió a ver en este mundo. A Gordillo le pasó exactamente lo mismo, sólo que unos días después.” Por otra parte, cabe destacar que uno de los centros clandestinos de detención de la zona, el Tiro Federal de Campana, se encuentra lindante a la fábrica, y hasta existe una puerta que comunica ambos lugares. El predio de la Ruta 12, que hasta el 24 de marzo de 1976 funcionó un polígono de tiro civil, fue ocupado por el Ejército en la madrugada del 25 y transformado en un campo de concentración adonde se torturó, desapareció y mató a cientos de personas, entre ellos algunos trabajadores de Dálmine Siderca, hasta, por lo menos, mediados de 1977. La cercanía de la fábrica era tal que los desaparecidos apresados en el Tiro Federal escuchaban claramente los ruidos de las máquinas trabajando. Cuando en 2004 se realizó una visita de reconocimiento al predio, por el juez federal Federico Faggionato Márquez, quien comenzó la investigación a partir de una presentación que la subsecretaria de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, los nueve ex detenidos pudieron reconocer cada uno de los sonidos de las etapas de producción que habían escuchado por primera vez estando desaparecidos.(*)Historiadora UBA- Universidad de ColumbiaNotas:1-La principal fuente utilizada para reconstruir el caso de Astarsa es la investigación realizada por el historiador Federico Lorenz (parte de la cual está contenida en su artículo “Los trabajadores navales de Tigre. La militancia sindical en un contexto de enfrentamiento “militar””, Revista Lucha Armada N 2. Buenos Aires: Marzo a Mayo 2005). Otra fuente importante sobre este caso es el programa de historia oral llevado adelante por Memoria Abierta sobre la represión en Astarsa.2-Lorenz (2005), 74.3-Sobre las acusaciones a Rampoldi en los juicios realizados en Italia, ver Horacio Verbitsky, “Jaulas vacías”, Página/12, 18 de Junio de 2000. 4-Audiencia en el Honorable Congreso de la Nación, 2 de Julio de 2003, versión taquigráfica (http://www1.hcdn.gov.ar/dependencias/cpyrhumanos/VersTaq2003.htm). 5-Ver, entre otros libros y publicaciones. Victorio Paulón, Angel Porcu, Bernardo Gallitelli, María Cecilia Cangiano, Ernesto Rodríguez y Oscar Videla (comp.) El Villazo. La experiencia de una ciudad y su movimiento obrero. Villa Constitución, 1999.6-De aquí en adelante, a menos de que se indique lo contrario, se aludirá a testimonios recogidos por la CONADEP en su legajo No. 1770, parcialmente reproducidos en Eduardo Basualdo, Miguel Angel Fuks, Claudio Lozano, El conflicto de Villa Constitución. Ajuste y flexibilidad sobre los trabajadores. El caso Acindar. Buenos Aires: IDEP-CTA, 1991.7-Uno de los testimoniantes frente a la CONADEP relató haber visto, por un descuido del implicado, una credencial con la fotografía de Ranure que lo identificaba como servicio de inteligencia de la Policía Federal, mientras que otro de los sobrevivientes, refiriéndose a otro “supuesto obrero”, en realidad infiltrado, dijo haber reconocido entre quienes lo identificaron a un fotógrafo que era compañero de trabajo en la fábrica.8-El repartidor de sodas Pedro Alfaro, declaró el 7 de febrero de 1984, ante la Comisión de Derechos Humanos de Villa Constitución que el agente de la policía montada Juan Carlos Miranda le confesó que a varios detenidos los llevaban hasta dentro de Acindar y que Raúl Ranure, uno de los principales represores de la ciudad, "era Halcón, que participaba de los operativos nocturnos que se hacían en Villa Constitución, tripulando un Ford Falcon rural, celeste metalizado sin patente, que le había otorgado Acindar para que se movilizase junto con la oficialidad de la Policía Federal". Citado en Carlos del Frade, Matar para robar, luchar para vivir. Historia política de la impunidad. Santa Fe 1976/2004. (http://www.nuncamas.org/investig/) 9-Existen informaciones encontradas respecto a la fecha del arribo de Rampoldi a Villa Constitución. De acuerdo a Pedro Alfaro, en 1975 el comisario Rampoldi ya era integrante del Servicio de Informaciones de la Jefatura villense y "esencialmente ha prestado y presta su servicio a Acindar. Me consta que tiene el organigrama completo de la planta, ha sido invitado a almorzar en reiteradas oportunidades por el directorio de la empresa, decide y orienta a los directivos sobre quién puede o no entrar a la empresa". Carlos del Frade, Matar para robar, luchar para vivir. Historia política de la impunidad. Santa Fe 1976/2004. (http://www.nuncamas.org/investig/) 10-Ver Carlos del Frade, El Rosario de Galtieri y Feced (http://www.nuncamas.org/investig/). 11-Miguel A. Di Fino, Ariel O. Nuñez y Soledad Sadonio, Sobre ausencias y exilios. Un ensayo histórico sobre Campana entre 1976 y 1982. Campana, Buenos Aires: 1999.12-Luis Majul, Los dueños de la Argentina. La cara oculta de los negocios. Buenos Aires: Sudamericana, 19na.edición, 1993, p. 231.13-Ver Martina Noailles, “Un campo de la muerte intacto. Inspección ocular a un centro clandestino en Campana”, Página/12, 9 de Junio de 2004.

viernes, mayo 11, 2007

Retrato de un buen hombre



Carlos Fuentealba...... PRESENTE!!!





No hemos puesto nada sobre Carlos. Su muerte nos produjo una gran tristeza.


Mientras muchos hablaron y se rasgaron las vestiduras, permanecimos mudos con la bronca y la impotencia, no sólo por el camarada muerto, sino también porque no visualizamos, en nuestro horizonte cercano, posibilidades de modificar las condiciones materiales y culturales que permiten se sucedan hechos como este.


Sin embargo, no seríamos nosotros los que somos, si no dedicásemos a Carlos un pequeño espacio, si no intentásemos de alguna manera mantener viva su memoria.
Qué mejor manera de conjurar las sombras, en la que sus asesinos pretendieron y pretenden confinarlo, que apelar al recuerdo vivo de sus alumnos...


Justamente, hace unos días, recibimos este mail que acá reproducimos:






SOCIEDAD




La lección del maestro



Con el asesinato de Carlos Fuentealba,los chicos que iban al CPEM 69 de Neuquén perdieron mucho más que a un profesor. Los que fueron sus alumnos vuelven al aula en la que el docente dio las últimas clases y recuerdan a su profe con lágrimas y sonrisas: sus testimonios dibujan el retrato de un tipo solidario como pocos.
Mariana García------------------->
magarcia@clarin.com

Fue uno de los primeros viernes del año. Si el sol no daba tregua en ese mediodía, en el oeste pegaba sin piedad. Ismael pedaleaba su bicicleta por las calles de tierra mientras soñaba con un trabajo. "Cualquier cosa, cargando bolsas, yo no tengo problemas, es sólo para juntar unos mangos ¿vio?" La ecuación trabajo más colegio se le estaba haciendo pesadade sólo pensarla. Encima, ya había repetido primer año. Allá, en el oeste, todo parece más denso, el aire, el polvo, la vida. Y en eso andaba su cabeza cuando se encontró con Carlos Fuentealba: –Ni se le ocurra dejar el colegio –lo retó–. Si quiere le ayudo a conseguir un lugar en la nocturna, pero usted tiene que seguir estudiando. Siempre trataba de usted a sus alumnos.–Pero profe, ¿le parece? Con lo que me cuesta...–Póngase las pilas y déjese de parrandas. Yo lo voy a ayudar.Esa fue la última vez que Ismael lo vió con vida. Tuvo, en rigor, una última oportunidad. Pero pagaría por olvidarla. El profesor agonizaba en una cama de la terapia intensiva del Hospital Castro Rendon. El disparo de un policía le había destrozado la cabeza. Estaba hinchado y le habían rasurado el cabello. "Su pelo... ya no tenía su pelo. Cierro los ojos y lo primero que veo es su sonrisa y los dos mechones que se le caían para adelante." Ismael lo imita con movimientosde galán. Se fascina al recordarlo como si deseara más que nada poder copiar esa elegancia. Ismael Lignay tiene 15 años y el desparpajo de un adolescente alto que no sabe muy bien qué hacer con su cuerpo: "Lo que más me acuerdo del profesor es que te hablaba. Eso no lo hacen otros profesores. Cuando veía que alguien faltaba, enseguida averiguaba qué estaba pasando. Siempre venía y te preguntaba cómo estabas. Creo que lo que más me gustaba era eso, que te hablaba.
"La mañana del 4 de abril, Carlos Fuentealba partió con otros compañeros hacia Arroyito, sobre la ruta que conecta a la capital de la provincia con la cordillera. Los docentes –que llevaban un mes de paro– querían montar un piquete. Fuentealba había tenido cierta militancia gremial y sabía que en Neuquén muchas veces las protestas engendran violencia. No estaba convencido de la utilidad del corte, pero igual fue. Nunca pudo llegar a Arroyito. La represión les ganó de mano. Horas más tarde, su cuerpo se desangraba sobre el pavimento de la ruta 22, la misma donde diez años atrás –en otra protesta docente– fue asesinada de un tiro Teresa Rodríguez, una empleada doméstica que quedó en medio de la represión.El disparo del sargento José Darío Poblete fue certero. A menos de tres metros apuntó su pistola lanzagases contra el Fiat 147 en el que viajaba el profesor. Preparada para ser disparada a una distancia no menor de sesenta metros, la granada le hizo añicos la cabeza. Fuentealba agonizó durante horas hasta que a las once de la noche del jueves 5 de abril lo desconectaron del respirador. Ismael fue uno de los últimos en verlo, junto a Maximiliano Villegas y Johana López. Ninguno pudo decir nada. La mente se les quedó en blanco. Maxi sólo atinó a levantar su mano y acariciarle el rostro: "Le pasé la mano y le toqué los ojos y los cachetes. Ya no era él; tenía la carne blandita". Maxi extiende la mano como si otra vez estuviese en esa sala de terapia intensiva. No llora ni se le entrecorta la voz. Dice que ya lloró bastante y que se cansó de insultar a Jorge Sobisch frente a la gobernación. Pero el gobernador nunca pudo escuchar sus gritos. Tuvo que abandonar el edificio disfrazado de gendarme.
EN EL OESTE El CPEM 69 (Centro Provincial de Enseñanza Media) está ubicado en los confines de la capital neuquina, en el oeste, la zona más pobre de la ciudad y donde viven abarrotados dos tercios de la población de la capital. Es igual a todas las escuelas de la provincia, una barraca de ladrillos a la vista y techo de chapa verde. Como todo en el oeste, está construida sobre la barda, una mezcla de arcilla y piedras que forma pequeñas elevaciones sobre un suelo inestable. Allí, todos se habituaron a vivir con una grieta en casa. Allí, en esa escuela que no es un buen destino para casi ningún docente, docente,Fuentealba enseñaba matemática, física y química a los adolescentes del secundario y los adultos de la nocturna. Era uno de los pocos profesores que dejaba que las madres fueran con sus hijos.
Frente a la escuela se amontonan las viviendas más humildes de la Cuenca XV, un barrio que empezó como asentamiento pero en el que poco a poco se fueron levantando casas de material. Por atrás, el CPEM está rodeado de ranchos levantados con troncos y plásticos negros. El año pasado se quemaron quince antes de que alguien pudiera conseguir un poco de agua. La escuela es el último punto adonde llega la luz eléctrica. De ahí parte un tendido de casi un kilómetro desde donde se cuelgan los nuevos vecinos. Después, lo único que queda es barda, viento y polvo. Y también bolsas de basura. Muchas. Porque cuando las casas terminan, lo que empieza es un inmenso basural.A pocas cuadras de ahí está La Toma Norte, otro asentamiento de casillas de madera. Allí vive Ismael. Este año volverá a cursar primero, como quería Fuentealba: "Yo nunca lloré tanto en mi vida, fue peor que cuando me pega mi viejo, porque bueno... si hay que poner límites, alguna piña te tienen que dar. Cuando se murió el profe fue peor, porque eso me dolió de verdad. Creo que el profe me quería, porque se cagaba de risa con las huevadas que yo le decía".
En la Toma Norte también vive Valeria Reyes. Ella tiene 33 años y dos hijos. Terminó el secundario el año pasado. Cada noche, estudia para auxiliar contable. Por las mañanas trabaja como empleada doméstica. Apenas pueda, se va a inscribir en magisterio. Quiere ser maestra. "Como el profesor. Mi mamá siempre quiso que sea maestra porque ser maestro es como algo importante ¿no?... o al menos tendría que ser así, tendría que ser como un médico."
Valeria se enteró tarde de lo que le había pasado Fuentealba. El cable no llega hasta La Toma Norte y ese día el canal provincial siguió con la transmisión de la novela. De un aparador saca las fotos que le quedaron del profesor. Una, con el resto de los maestros. La otra, con su mejor amiga, Nidia, en la fiesta de graduación. "Me acuerdo que el primer día de clases él nos dijo: Si yo pude estudiar matemática, por qué no lo van a poder hacer ustedes?'. El no sólo valoraba el esfuerzo de que vos vinieras hasta acá, porque hay muchos profesores que dicen: 'Bueno, son pobres se están esforzando, así que con eso basta' y te aprueban aunque no sepas. Pero Carlos no; él quería que aprendieras de verdad. Yo pensaba que mi título valía menos que el de las escuelas del centro, pero Carlos siempre nos decía que no teníamos nada que envidiarles, que éramos tan importantes como los demás."
Carlos Fuentealba no tenía alma de líder. Antes que el centro prefería el costado y si era un poquito más atrás, mejor. No tenía frases grandilocuentes, de ésas a las que después muy pocos saben cómo llenar. Sus palabras eran simples. Sus alumnos nunca supieron de su militancia. Quizá porque no era una de sus prioridades. Quizá porque su militancia pasaba por otro lado.
"Si no había tizas, igual te daba clases. Te explicaba una y otra vez. Nos tenía una paciencia terrible. Más de una vez usaba las horas libres para explicarte lo que no entendías." Lo dice Paula Méndez, la cebadora de su curso. Cebaba amargos para sus compañeros y también para Fuentealba, uno de los pocos profesores que los dejaba tomar mate en horas de clase. El papá de Paula es policía, pero a ella poco le importó cuando el lunes 9 de abril cargó a su hermanito de ocho meses y se fue para el centro a protestar por la muerte del profesor. Fue la mayor marcha en la historia de una provincia que desde hace unas cuatro décadas está en manos del Movimiento Popular Neuquino. Treinta mil personas pidieron justicia y la renuncia de Sobisch. Recordaban que si bien el gobernador bajó a la mitad una desocupación que trepaba al 20 por ciento, en la provincia el empleo público explica a uno de cada tres trabajadores y la pobreza atrapa a más del 40 por ciento de los neuquinos.
Carlos Fuentealba vivía con su mujer, Sandra, y sus dos hijas en la última cuadra asfaltada de la calle Godoy, justo a dos kilómetros de la escuela. En el oeste. Hacía cuatro años que había empezado a dar clases en un secundario en el que un mínimo tropiezo marca el abismo que lleva a la deserción. En la Cuenca XV los tiros por la noche son tan habituales como los chicos que toman cerveza a las diez de la mañana.
Mayra necesitaba aprobar matemática. Pero no había caso; no entendía. El día del examen acudió al único que sabía que la iba a ayudar. Arrugó la hoja y se la escondió debajo del buzo. Pidió permiso para ir al baño y corrió hasta la sala de profesores. "Por favor profe, déle, ayúdeme", le suplicó a Fuentealba.–Está bien, pero lo hacemos juntos –, le respondió él. El tiempo corría y Mayra empezó a desesperarse. "Al final terminó haciéndome el examen él. Yo escribo medio chueco y hasta los números todos torcidos me hizo para que el otro profesor no se diera cuenta."
EL VERGONZOSO
El año pasado, para la fiesta de la primavera, lo eligieron el Rey de la Escuela, con coronita y coro de chicas que a grito pelado pedían que lo "tiren a la hinchada". Justo a él, que nada lo ruborizaba más que el suspiro de sus alumnas cuando lo veían pasar. Era alto y buen mozo. Sobresalía del resto, pero por otras cosas. Carlos Fuentealba era de esos maestros desconocidos y silenciosos que nos recuerdan por qué, alguna vez, la palabra maestro provocó respeto.
Nidia Real terminó el secundario el año pasado. Tiene 35 años y dos hijos. Ella lo eligió para que le diera el diploma. "Siempre me decía: 'Vos tenés un potencial enorme, tenés que seguir estudiando'. Jamás nadie me dijo algo así. Ni mis hermanos... Ellos se burlaban de mí porque yo empecé a estudiar de grande, pero él no. Siempre te decía que tenías que pelear por tu futuro."
Nidia y Valeria hicieron juntas todo el secundario, sentadas una junto a la otra. Nunca pudieron contarle que siguen estudiando.
El CPEM 69 era una de las tres escuelas donde enseñaba Fuentealba.
Pero fue allí donde pasaba la mayor parte de su tiempo, donde escuchó sobre mal de amores y peleas adolescentes. Donde tuvo que mediar cuando los chicos tomaron el colegio porque las viandas llegaban podridas y se sumó a las quejas cuando arañas peludas invadían su clase.
En una de las carteleras, en un papel escrito a mano, están los horarios para este año: "Martes de 18 a 19.10, Química, Fuentealba". En la pared de enfrente, un afiche con su foto pide justicia.
Maxi tiene seis hermanos y juega en el Deportivo Cuenca. Tiene un hablar dulce y armonioso. La mirada se le pierde entre el paisaje de bolsas de basura que vuelan sobre la barda. Con el viento, muchas terminan enroscadas en el alambrado del colegio.
"El siempre nos contaba de cuando trabajaba como albañil y a la noche estudiaba. Era nuestro ejemplo. Para mí era como un padre –solloza Maxi–... Nadie me ha hablado como él. Era una persona decente, eso quiero resaltar: era de-cen-te. Yo no entiendo por qué se pierde una vida así, por un salario de porquería."

sábado, mayo 05, 2007

Madres cumple 30 años

Esta es la reproducción de una nota publicada en el colectivo La Vaca de abril.
Vale la pena leerla.

Había una vez 14 mujeres
Hace 30 años 14 mujeres cuyo oficio central había sido el de madres y amas de casa, se encontraron en la Plaza de Mayo. Era sábado, no había casi nadie, pero allí nacía uno de los movimientos sociales más importantes de la historia. Frente al horror en estado puro, la desaparición de sus hijos, lograron lo que parecía inconcebible: transformaron el dolor en acción. ¿Cómo lo hicieron? Esta es la apasionante historia de una gesta a través del texto elaborado por lavaca a pedido de Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, para el documental 30 Años de vida venciendo a la muerte. Un recorrido por la historia de las últimas décadas, y algunas cuestiones prácticas sobre los tejidos, las territorios, las brujas y los alumbramientos.
Había una vez un país con nombre de mujer, donde la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños, acorralando a la vida. Y en ese país de nombre plateado, los sueños y la vida tuvieron que aprender cómo enfrentar a los verdugos. La historia suele ser infinita, ¿Cómo contarla? Habría que hablar de un siglo XX Cambalache, que empezó con el país granero del mundo, con trabajo para pocos, democracia para pocos, dinero para menos, alguna ilusión de tiempos mejores, seguida de décadas infames. Surgió luego un gobierno que generó una expectativa de más justicia, y más democracia. La política empezaba a estar en las calles, en las plazas, en la cabeza y en el corazón de cada persona. Ese gobierno fue tumbado en 1955 por los poderes económicos, políticos y militares de siempre. Poco antes los golpistas habían bombardeado con la aviación militar a transeúntes inocentes en plaza de Mayo. Más de 300 muertos. Que hubiera más igualdad de oportunidades, o mejor distribución de la riqueza, era una maldición que había que mutilar. Tierra extraña; aquí siempre hubo una envidia al revés. Los ricos envidiaron a los pobres, odiaron que los pobres pudiesen mejorar. En 1956 aquella dictadura fue pionera: secuestró ilegalmente a decenas de personas acusándolas de planear una rebelión. Los militares ordenaron los fusilamientos en los basurales de José León Suárez. Fue la Operación Masacre, como la llamó Rodolfo Walsh en un libro inolvidable. Lo que nadie sabía, ni siquiera Walsh, es que la Operación Masacre apenas empezaba. Poco después, en una pequeña isla del Caribe frente a las narices de los Estados Unidos, hubo una revolución que se proclamó socialista. Los militares argentinos temieron que esa revolución fuese contagiosa, y gatillaron sus armas junto a los de todo el continente. Siguieron los tiempos de proscripción política, censura, gobiernos civiles derrocados, gobiernos militares que se iban tumbando entre ellos, mientras las fuerzas armadas actuaban como tropas de ocupación en su propio país, como trincheras contra la democracia, en nombre de la lucha contra el socialismo. Frente a eso, crecía la resistencia de quienes que no se resignaban al silencio, la censura, ni al olvido. Resistían los mayores, con una especie de nostalgia por el pasado. Y resistían también los jóvenes, como añorando el futuro, pero un futuro que querían construir con sus propias manos. Un argentino que había puesto la mente y el corazón para aquella revolución en la isla del Caribe, fue capturado y fusilado cuando quiso hacer algo parecido en Bolivia. Le decían Che. Los que lo mataron no sabían que lo estaban inmortalizando. El mundo se ponía violento. En todo el planeta oleadas de jóvenes salían a reclamar justicia, igualdad, rechazo a la guerra y la muerte, un mundo distinto. En la Argentina las dictaduras seguían tropezando con las resistencias. Hubo un Cordobazo, un Rosariazo, la juventud se movilizaba pintando paredes y pintando proyectos. La democracia seguía presa. La violencia militar seguía libre. Nacieron las organizaciones guerrilleras, que quisieron agregarle armas a toda esa resistencia. Tal vez esta historia haya que comenzarla, entonces, en 1972. El 22 de agosto en Trelew hubo una nueva versión de la Operación Masacre. Allí habían detenido a miembros de varias agrupaciones guerrilleras. Fueron acribillados a balazos, indefensos, con el falso pretexto de un intento fuga. Mataron a 16. Hubo tres que sobrevivieron por milagro, y contaron lo que había pasado. Tal vez en aquel momento, cuando el crimen fue evidente, los estrategas militares empezaron a diseñar la represión del futuro: matar sin evidencias. Las movilizaciones protagonizadas fundamentalmente por la juventud, empezaban a ser gigantescas. La trinchera militar no soportó la correntada de tantos sueños, y en 1973 la vida pareció cambiar. Una multitud obligó a liberar a los presos políticos. La ilusión no duró demasiado. Fue una danza alucinada. Cámpora ganó las elecciones. Volvió Perón. En Ezeiza las patotas de la derecha peronista acribillaron a las columnas juveniles. Perón apoyó a esos grupos, contra la juventud. Cayó Cámpora. Asumió Lastiri que era el yerno de José López Rega. López Rega era ex policía, nazi militante, secretario privado de Perón, ministro de Bienestar Social, y astrólogo esotérico. Como si su brujería funcionara, concentró cada vez más poder. Lastiri llamó a nuevas elecciones que ganó Perón. Ocho meses después, murió Perón y asumió su esposa Isabel. La sociedad miraba aturdida, mientras el sistema de la muerte se instalaba alrededor de López Rega, que organizó a los matones policiales, militares y a las patotas de la derecha, para crear un monstruo al que llamaron Triple A. Alianza Anticomunista Argentina. La Triple A era un escuadrón de la muerte, un grupo paramilitar con vía libre para salir a matar. Estudiantes, intelectuales, sacerdotes, artistas, sindicalistas, obreros: la sucesión de fusilamientos se hizo cotidiana, el terror empezó a ser la genética de cada día. La lista es macabra. Cientos de víctimas. Por recordar algunos: Rodolfo Ortega Peña, diputado nacional y abogado de presos políticos. Carlos Mujica, sacerdote del Tercer Mundo, Silvio Frondizi, uno de los principales intelectuales que dio la izquierda argentina, Julio Troxler, que había sobrevivido a los fusilamientos de 1956. Atilio López, uno de los dirigentes del Cordobazo, que durante la breve etapa camporista fue vicegobernador de Córdoba. Los bombardeos en Plaza de Mayo y la matanza en los basurales habían sido premoniciones. Los fusilamientos de Trelew fueron una secuela. La Triple A fue el perfeccionamiento del crimen mafioso. Pero ahora imaginemos. Imaginemos por un momento que hubiera miles de masacres como las de los basurales de José León Suárez. Imaginemos que hubiera de pronto miles de fusilamientos como los Trelew. Y miles de Triple A matando por las calles con absoluta impunidad. Eso fue la dictadura militar, cuando los militares dieron el golpe de Estado para imponer la máquina de matar corregida y aumentada al infinito. Fue hace exactamente 30 años. Le pusieron un nombre que sería cómico, si no fuera tan patético. Proceso de Reorganización Nacional. El comunicado número uno que emitieron decía: Se comunica a la población que, a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta de Comandantes Generales de las FF.AA. Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanen de autoridad militar, de seguridad o policial, así como extremar el cuidado en evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que puedan exigir la intervención drástica del personal en operaciones. Más que nunca, la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños, acorralando a la vida. Pero esta vez, además, inventaron una especie de acto de magia superior a los de López Rega. La magia más perversa que alguien pueda imaginar. No más bombardeos, ni basurales, ni fusilamientos en cárceles, ni homicidios mafiosos a la luz del día. Los perseguidos, las víctimas, iban a desaparecer. No iban a estar más: secuestrados y esfumados de la noche a la mañana. Los militares creían que al no haber cuerpos, al no haber pruebas ni quedar en evidencia, nadie podría acusarlos de crimen alguno. Eso es el terrorismo de Estado. Las Fuerzas Armadas se dedicaron a la muerte clandestina, mientras en público sus jefes iban a misa a ser bendecidos, a comulgar, y a la salida sonreían. En sus discursos hablaban de la ley, el orden, la paz y el progreso. Empezó la cacería. Zonas liberadas, gritos en la noche, secuestros de gente indefensa, la absoluta desaparición de la justicia. Hay bibliotecas enteras que podrían leerse para entender lo que pasó. Pero hay también una carta. Apenas un año después del golpe Rodolfo Walsh –otra vez- escribió en la clandestinidad su Carta abierta a la Junta Militar, donde explicó lo que nadie se atrevía a decir. Hablaba de un lago cordobés convertido en cementerio lacustre. De personas arrojadas desde aviones militares al Río de la Plata, cuyos cadáveres afloraban en las costas uruguayas. Denunciaba un sistema de tortura absoluta, intemporal y metafísica, aplicada tanto con métodos medievales como el potro o el torno, como con la tecnología de la picana eléctrica, para machacar la sustancia humana. Hablaba de las guarniciones y comisarías convertidas en campos de concentración. De las mentes perturbadas de los militares que torturaban. Decía, apenas un año después del golpe y en medio de la censura y el terror: “Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror”. Pero hay otro párrafo, que cada día se entiende mejor. Le decía a los militares: "Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada". Ahí estaba la clave para entender el crimen: la miseria planificada. Walsh fechó esa carta el 24 de marzo de 1977, distribuyó varias copias, y un día después fue secuestrado por los militares. Nunca más se supo de él. Es otro desaparecido. --------------------------- En esa noche, hubo un parto. En medio de la oscuridad, un alumbramiento. Nació una historia. Muchas madres y padres salieron a buscar a sus hijos. Salieron de sus casas, salieron del útero de su rutina habitual a enfrentar al aparato represivo más imponente de la historia del país. Llevaban impresas en la piel la desesperación y el amor, y de allí les nació el coraje. Recorrieron hospitales, caminaron juzgados, se atrevieron a ir a comisarías y cuarteles. Buscaron a las morgues. Nadie sabía nada. La ley del silencio. Cada día era la esperanza de una noticia. Cada noche era la frustración del silencio. Los padres varones, de a poco, volvieron a sus trabajos. La mayoría de las madres eran amas de casa: tenían intacto el tiempo y la sensación de que no había otra cosa que hacer que dedicar cada hora, cada minuto y cada segundo de vida a la búsqueda. Estaban solas, moviéndose, preguntando inútilmente, aturdidas por tanto silencio. De a poco, empezaron a cruzarse por los mismos laberintos, a reconocerse y a descubrir que había otras que compartían esa especie de señal que cada una llevaba como un código secreto en la mirada: la desesperación y la incertidumbre. Ese fue un primer triunfo contra el aislamiento. Comenzaron a encontrarse, reunirse, acompañarse. Estar juntas fue el modo de escaparle al terror de estar solas. Pero fue mucho más que eso. Un día, esas mujeres se descubrieron a sí mismas en una iglesia militar, donde un cura psicópata les recomendaba santa paciencia y las confundía con rumores, insinuaciones y desinformaciones. Intuición femenina: les estaban mintiendo sistemáticamente, nadie hacía nada por salvar a sus hijos. Una de esas mujeres dijo: Basta. Y dijo: tenemos que ir a la Plaza de Mayo, tenemos que hacer ver y oír lo que nos pasa. Era una mujer con nombre de flor. Y ese grupo de mujeres decidió que Azucena Villaflor tenía razón: su lugar sería la Plaza de Mayo. La plaza sería el territorio de estas madres. No tenían oficina, pero habían encontrado un lugar espacioso, aireado, iluminado y muy céntrico. No tenían sillones mullidos, pero había bancos de plaza. No había escritorios, pero tenían las faldas para apoyar allí las carpetas, expedientes, cuadernos o que hiciera falta. No tenían alfombras, sólo baldosas y unas palomas revoloteando. No tenían recepción, pero podían verse de lejos mientras iban llegando. No tenían teléfonos, pero se pasaban papelitos con mensajes, informes, o futuros puntos de encuentro. Ocultaban esos mensajes en ovillos de lana, por si la policía o los militares se les cruzaban en el camino. No querían que las descubrieran. Ya que tenían los ovillos, llevaban agujas y tejían en la plaza, mientras iban pasándose información, inventando qué hacer, cómo buscar, cómo evitar la impotencia de no hacer nada. Penélope tejía esperando el regreso de su marido. Ellas tejían juntas las acciones para buscar a sus hijos y denunciar lo que estaba pasando. La primera vez fue el sábado 30 de abril de 1977. Eran sólo 14 en la Plaza de Mayo. Como no había casi nadie, decidieron volver el viernes siguiente. Después, una de las madres avisó, como atajándose de los malos augurios: “Viernes es día de brujas”. A la semana siguiente empezaron a encontrarse los jueves, el día que nunca más abandonarían, para escaparle a las brujas. La policía empezó a desconfiar. Por el Estado de Sitio, se impedía cualquier reunión de tres personas o más, por ser potencialmente subversiva. Para decir la verdad, en este caso tenían razón: buscar la vida era subversivo. Como pájaros de uniforme, los policías empezaron a revolotear alrededor esas mujeres que hablaban y tejían de los asientos de la plaza. Ordenaron: “Caminen, circulen, no se pueden quedar acá”. Ellas se pusieron a caminar y a circular alrededor del monumento a Belgrano, en sentido contrario a las agujas del reloj: como rebelándose contra cada minuto sin sus hijos. Marchaban, cada jueves, en las narices del gobierno dictatorial más temible. La plaza ya era el territorio de las Madres. Algunos periodistas extranjeros descubrieron esas raras vueltas y vueltas. Consultaron a los militares. Les contestaron que eran unas mujeres trastornadas, unas Madres Locas que andaban buscando a gente que no estaba en ningún lado. Gran parte de la sociedad prefería no darse por enterada. La censura bloqueaba orejas, cerebros y corazones. Las madres locas eran las únicas que parecían cuerdas, tejiendo y circulando al revés que las agujas del reloj. En octubre de 1977 se sumaron a la peregrinación a Luján, que congregaba a un millón de jóvenes. El problema era cómo encontrarse y reconocerse en la multitud. Alguien propuso que todas se pusieran un pañuelo del mismo color. Lo del color era un problema, pero entonces una de las madres tuvo una ocurrencia: ¿Por qué no nos ponemos un pañal de nuestros hijos? No existían los pañales descartables y la mayoría de las madres todavía guardaba los de tela, tal vez pensando en los nietos. Frente a la Basílica, reclamaron y rezaron por los desaparecidos. Todos los que estuvieron pudieron verlas, identificadas con los pañales blancos en sus cabezas. Poco después hubo una marcha de los organismos de derechos humanos, que terminó con 300 personas detenidas, incluidos –por error- varios periodistas extranjeros. Gracias a tanta eficiencia, el mundo empezaba a enterarse de lo que ocurría. En la comisaría las Madres rezaban Padrenuestros y Avemarías. Los policías no se atrevían a incomodar a mujeres tan devotas. Entre rezo y rezo, haciendo cruces, miraban a los uniformados, les decían “asesinos”, y seguían rezando. Amén. El hecho de reunirse, romper el aislamiento, buscar a sus hijos, se convirtió en sí mismo en un delito. Diciembre de 1977, un oficial de la marina que se hacía pasar por hermano de un desaparecido organizó el secuestro y desaparición de tres de las madres, dos monjas francesas y otros familiares y amigos. Así era el coraje militar. Las madres estaban organizando la colecta para publicar una solicitada el 10 de diciembre, denunciando las desapariciones. El 8 de diciembre secuestraron a Esther Careaga y a Mary Ponce de Bianco en la Iglesia de Santa Cruz, junto a ocho personas más, incluida la monja francesa Alice Domon. Esther era paraguaya. Ya había encontrado a su hija adolescente, a la que los militares habían liberado. Las otras madres le habían pedido que volviera a su casa, que ya no se arriesgara más. Esther no les hizo caso, decidió seguir junto a ellas hasta que encontraran a cada uno de sus hijos. Dos días después, desapareció la mujer con nombre de flor. El terror de aquellos tiempos superó todo lo imaginable. Desaparecían quienes buscaban a los desaparecidos. Pero los militares habían sido selectivos: secuestraron a quienes todas siempre consideraron “las tres mejores madres”. Sin Azucena, había que elegir: seguir, esconderse, o volverse a casa. Para las madres no hubo demasiadas dudas: ahora no solo debían buscar a sus hijos e hijas, sino también a sus amigas y compañeras. Lograron sobreponerse a la parálisis y al terror, para seguir su marcha. Azucena había parido la idea de que las madres se organizaran para nunca más estar solas en su lucha. Y había dicho algo: “Todos los desaparecidos son nuestros hijos”. Así estaba socializó la maternidad, potenció a cada madre y le dio grandeza a cada minuto de resistencia. Llegó el Mundial 1978. El fútbol tapando de gritos y sonrisas la realidad, mientras a pocas cuadras de la cancha de River seguían torturando gente en la ESMA. El mundial fue oxígeno para los militares: para seguir matando y seguir castigando cada vez a más gente con la miseria planificada. Las madres cambiaron sus lugares y horarios de reunión. No todos los jueves iban a la Plaza, para evitar que las detectaran. Cuando iban, la policía les largaba los perros. Cada una llevaba un diario enroscado para sacarse a los perros de encima, una de las pocas cosas útiles para las que servían los diarios de esa época. Muchas veces detenían o demoraban a alguna de ellas en las comisarías. Se les ocurrió una idea: cuando una iba presa, se presentaban todas y pedían ir presas ellas también. Los policías veían llegar a decenas y decenas de mujeres que exigían ser encarceladas junto a su compañera. Una vez fueron tantas las que exigieron ser detenidas, que tuvieron que llevarlas en un colectivo de la línea 60. Madres locas, dirían los policías, que no sabían bien qué hacer: muchas veces las soltaban para sacárselas de encima. Cuando en la Plaza le pedían documentos a una, todas las demás se acercaban a la policía a entregar también los suyos. Cientos de documentos, cédulas y libretas cívicas, que la policía tenía que verificar. De paso, las madres se quedaban más tiempo en la plaza. En 1979 llegó al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. También el fútbol jugó en contra. El mundial juvenil tenía a todos pendientes de Maradona, y los militares aprovecharon para que relatores de fútbol y periodistas radiales llamaran a la gente a Plaza de Mayo, y que de paso repudiaran a quienes hacían cola para declarar ante la Comisión. Querían mostrar lo que llamaban “la verdadera imagen del país”. Decían: “los desaparecidos algo habrán hecho”, o “por algo será que se los llevaron”. Los hinchas, sin embargo, no molestaron a los que estaban esperando para hacer sus denuncias. Ya era la época de la plata dulce, la fiesta de las multinacionales, el dólar barato, miles de argentinos gastando en el exterior lo que nunca habían sabido ganarse, gracias a la miseria planificada de millones. Los diarios y las revistas no sólo censuraban la información para defender su negocio, sino que hacían campañas por los militares: “Los argentinos somos derechos y humanos”. Confirmado: nunca hay que subestimar la estupidez humana, la capacidad de negación, el tamaño de la crueldad. En ese 1979 hubo otro parto, otro alumbramiento: las Madres decidieron crear la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Si todas estaban en peligro, esa era una forma de mantener la lucha viva. La casualidad, o el destino, determinaron que la asociación fuese creada en una fecha imposible de olvidar: 22 de agosto. Habían pasado siete años de la masacre de Trelew, aunque parecían siete siglos. Los militares asesinos argentinos inventaron un conflicto contra los militares asesinos de Chile, que a todos les servía para ganar tiempo en el poder. En esos días fue muy próspero el negociado de la fabricación de ataúdes, hasta que el Papa intervino. Secuestros clandestinos y desapariciones en la noche, permitían mirar para otro lado. Guerra abierta entre gobiernos tan vecinos y tan beatos era demasiado. Hasta para el Vaticano. Amén. Seguían encontrándose en plazas y bares. Para que no las descubrieran cambiaban el nombre. Si iban a ir a Las Violetas, decían Las Rosas. Ellas mismas llevaban en sus carteras las carpetas, las denuncias, los expedientes. Recién en 1980, gracias a los apoyos internacionales, las Madres pudieron tener una oficina. Pero también ese año decidieron volver a su territorio, la Plaza de Mayo, para nunca más abandonarla. Fueron un jueves, al jueves siguiente las estaba esperando un escuadrón entero, con las armas gatilladas. Ellas cambiaban el horario, circulaban por donde no las veían. Poco a poco envolvieron a la Pirámide de Mayo con sus marchas que nadie podía detener. Llevaban diarios enroscados. Pronto aprendieron de sus hijos, y llevaban también botellitas de agua y bicarbonato por si las esperaban con gases lacrimógenos. No necesitaban gases para llorar. Pero habían decidido transformar el llanto en acciones. Los militares eran la rigidez y la violencia. Las madres eran la fluidez y la energía. Los militares y la policía eran la muerte. Los verdugos. Las madres eran la vida. Se editó el primer boletín de Madres, se iba ganando apoyo afuera y adentro. Los militares llamaron a los viejos políticos a dialogar, como abriendo el paraguas frente a la crisis económica y a su propio desgaste. Pero las Madres estaban simbolizando dónde estaba la verdadera política, y quiénes eran sus nuevos protagonistas. En 1981 lo demostraron retomando la Plaza y haciendo la primera Marcha de la Resistencia. Solas, pocas, pero juntas, resistiendo 24 horas seguidas. Vinieron épocas de ayunos, de tomas de iglesias y catedrales. Los jóvenes, sobre todo, se conmovían. Nació la consigna “aparición con vida”. El 30 de abril de 1982, hubo manifestaciones de protesta en Buenos Aires contra la situación económica, la miseria planificada, con la policía reprimiendo a todos. Dos días después, se llenó la Plaza de Mayo para aplaudir a los militares que habían invadido Malvinas, creyendo que así se iban a reciclar en el poder en una especie de brindis perpetuo. Las Madres dijeron que la guerra era otra mentira. Los militares que secuestraban cobardemente, torturaban clandestinamente y asesinaban tirando cuerpos al río, no podían convertirse de un día para otro en patriotas impecables y valerosos guerreros. Por decir eso, acusaron a las Madres de antinacionales. Ellas inventaron un cartel: “Las Malvinas son argentinas. Los desaparecidos también”. Muchos que acompañaban a las Madres las criticaron: había que estar del lado de la guerra, del lado de los militares. El tiempo mostró quién tenía razón sobre los guerreros, entre ellos el mismo que había delatado a Azucena, Esther y Mary. La derrota de los militares resucitó la posibilidad de la democracia. Se abrió la multipartidaria, formada por cantidad de partidos y políticos muchos de los cuales, durante los tiempos más duros de la represión, habían sido expertos en el arte de callar. En 1983 hubo elecciones, Alfonsín llegó a la presidencia, y las madres hicieron la marcha de las siluetas para que nadie olvidara a los ausentes. En los afiches decían que esos hijos desaparecidos habían luchado por la justicia, la libertad y la dignidad. El gobierno formó la CONADEP, la comisión nacional para la desaparición de personas. Las madres desconfiaron, no quisieron integrarla. Siempre prefirieron la calle, y no las comisiones. Crearon un periódico, la Asociación iba creciendo y seguía reclamando aparición con vida y castigo a los culpables. En 1985 Alfonsín las citó, pero luego no las atendió porque tenía que ir al Colón, según la explicación oficial. Las Madres tomaron la Casa Rosada, y se quedaron ahí instaladas como forma de resistencia pacífica. Esas acciones mostraban la grieta entre los discursos sobre los derechos humanos que hacía el gobierno, y la realidad. Y mostraban cómo el protagonismo político se desplazaba de los políticos de museo, a los movimientos generados en la sociedad para enfrentar los problemas tomando las riendas de sus propias decisiones. Se hizo el juicio a las Juntas, pero sólo hubo dos condenas a prisión perpetua. Las de Videla y Massera. Los otros jefes militares recibieron penas bajas, o fueron absueltos. Las Madres opinaron del siguiente modo: se levantaron y se fueron de la sala de audiencias. Seguían las acciones, marchas, escraches a los militares en sus casas, viajes y campañas en todo el mundo, la lucha contra las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, La lucha contra las rebeliones de Semana Santa y de los carapintadas La marcha de las manos, La marcha de los Pañuelos, cuando taparon la casa de gobierno de pañuelos blancos, los premios internacionales. El apoyo a los conflictos, a las huelgas, a los reprimidos y a los perseguidos. Empezaban a hacer propia una idea: el otro soy yo. Las Madres, además de denunciar lo que había ocurrido con sus hijos, hicieron otra cosa: comenzaron a levantar las mismas ideas y sueños por las que esos jóvenes habían luchado. Por eso sintieron que aún sin estar, sus hijos las estaban pariendo. Aquellas amas de casa desgarradas por la desesperación, habían logrado transformar el dolor en acción y en pensamiento. Todas estas luchas se multiplicaron al infinito cuando Menem llegó a la presidencia para perfeccionar, en democracia, la miseria planificada: privatizó el país, regaló el Estado, masificó el desempleo, protegió a toda clase de mafiosos, asesinos y corruptos, y además los puso a gobernar con él. De paso indultó a todos los militares que habían sido condenados. Hubo más de lo mismo cuando subió De la Rúa, y las madres estuvieron allí, nuevamente en la plaza, el 19 y 20 diciembre, cuando ese gobierno intentó imponer el Estado de Sitio y se dedicó a reprimir a miles y miles de personas hartas de tanta decadencia y de tanta mentira. Nuevamente las plazas se llenaron de balas, y de jóvenes muertos. La historia reciente es más conocida, las Madres y su universidad llena de jóvenes, de movimiento, de conferencias, de proyectos. Las Madres y su flamante radio, para que se escuche cada cosa que hay que decir. La intervención en cada lucha contra las mafias, contra la miseria, contra la muerte. Y cada jueves, como siempre, las madres circulando, tejiendo solidaridad, construyendo este territorio de la Plaza para que sea el espacio de todos. Había una vez un país con nombre de mujer, donde la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños, acorralando a la vida. Y en ese país de nombre plateado, los sueños y la vida tuvieron que aprender cómo enfrentar a los verdugos. Las madres están dejando esa herencia. Cómo convertir al dolor, en acción. La parálisis y el miedo, en lucha. La desesperación, en coraje. Las lágrimas, en acciones. Para acorralar a la muerte, como el primer día: tejiendo luchas, haciendo circular los sueños, y alumbrando la vida.

viernes, marzo 02, 2007

Perón, creador de la Triple A



Por Hugo Gambini Para LA NACION

Es curioso que en la polémica reabierta sobre la Triple A se insista en que ese siniestro organismo sólo comenzó a actuar después de la muerte de Juan Domingo Perón y en que su único inspirador fue José López Rega.
Algunos se atreven a mencionar a la tercera esposa de Perón. Enojados, los gremialistas pegaron carteles que decían: "No jodan con Perón". Es decir: mejor no investiguen, a ver si se descubre otra cosa.
Sin embargo, como dijo Joaquín Morales Solá, "tuvo razón Alfonsín cuando afirmó ante el juez que la Triple A precedió al gobierno de Isabel, y fue Perón el que precedió a Isabel" (LA NACION, 28/1/2007).
Primero nos remitiremos al 25 de septiembre de 1973. Mientras celebraba el abrumador triunfo que dos días antes lo había consagrado presidente por tercera vez, Perón se enteró de que una ráfaga de ametralladora acababa de liquidar a su amigo José Rucci, titular de la CGT, y se puso furioso. Sabía que eran los Montoneros -su "juventud maravillosa"- y, como buen militar, comenzó a planear su destrucción.
Los consideró el enemigo; dijo que hacía falta un somatén. Como nadie conocía esa palabra, el general explicó que somatén es una reserva del ejército que actúa por cuenta propia, que los catalanes lo usaban en el siglo XI y que el general Miguel Primo de Rivera lo reflotó durante su golpe de Estado de 1923. Según la Real Academia, el somatén es un cuerpo de gente armada que no pertenece al ejército y se dedica a perseguir al enemigo. En otras palabras: es un organismo paramilitar que usa las armas para matar gente. Perón recordaba sus charlas en Madrid con el coronel franquista Enrique Herrera Marín, quien le acercó un proyecto de represión basado en la experiencia de la Guerra Civil Española. "Eso era, ni más ni menos, que el diseño de lo que muy pocos meses después conoceríamos como la Triple A", explica Marcelo Larraquy en su libro sobre López Rega.
Perón hizo llamar a todos para una reunión privada muy importante. Estaban invitados el presidente provisional, Raúl Lastiri; el secretario general del PJ, senador Humberto Martiarena; los miembros del gabinete nacional y los gobernadores con sus vices. No faltó nadie. En esa reunión confidencial, realizada en Olivos el 1° de octubre, el general explicó que había que "terminar con los marxistas infiltrados, para evitar que destruyan al Movimiento Nacional Peronista". Se puso a consideración un documento reservado, en el que se ordenaba a los militantes a "participar activamente en las acciones que se planifiquen para llevar adelante esta lucha". El documento no tenía fisuras. Perón, máxima autoridad y presidente electo, había aprobado un texto que ordenaba a sus seguidores: "Deberán acatar estas directivas". Por si existían dudas sobre lo que debía hacer el Gobierno, se mencionaba con claridad que "todos deberán participar en la lucha iniciada, haciendo actuar todos los elementos de que dispone el Estado para impedir los planes del enemigo y para reprimirlo con todo rigor". (Tres veces se utilizaba la palabra "todos": en los que participan, en los elementos del Estado y en el rigor de la represión.) Como Perón no era aún presidente, no lo firmó -solamente lo bendijo-, pero requirió el aval del Consejo Superior Peronista, donde estaban Lorenzo Miguel, Jorge Camus, Norma Kennedy y Julio Yessi, para darle mayor efectividad.
Alarmado, Antonio J. Benítez -ministro de Cámpora, de Perón y de Isabel- le reveló al peronista disidente Eduardo Luis Duhalde que, durante la presidencia de Juan Perón, había presenciado reuniones de gabinete en las que se mostraban diapositivas de personas de ideología marxista y se elaboraban listas de futuras víctimas o se decidía en ese momento su asesinato. "Al parecer, reuniones de este tipo suelen realizarse en el comedor de la Casa Rosada", dice Eduardo Gurucharri, en su biografía del mayor Bernardo Alberte. Y añade: "Benítez refiere que López Rega y el comisario Villar exhibieron fotografías y nombraron personalidades políticas que deben ser depuradas de la infiltración marxista. Entre los nombrados están el propio Duhalde, el abogado Mario Hernández y Alberte. Benítez dijo que Perón se limitó a escuchar, sin aprobar ni desaprobar a quienes aludieron a la necesidad de operar por izquierda".
Duhalde, actual secretario de Derechos Humanos, le contó hace poco todo esto al juez Norberto Oyarbide, que sigue la causa de la Triple A.
Están también los que creen que los atentados ocurrieron después de la muerte de Perón. Como los gremialistas, por ejemplo, que tienen mala memoria. Pero se puede demostrar lo contrario, con nombres y apellidos, lugares y fechas.
Hay una interesante cronología, entre julio de 1973 y junio de 1974, publicada en agosto de 2005 en la revista-libro Lucha armada , que figura en la nota Perón y la Triple A , de Sergio Bufano. Se dice allí que "Perón, cansado de proponer a los jóvenes que se sumaran al justicialismo y abandonaran el uso de la violencia, sucumbió a la tentación de estimular una maquinaria de represión, que inició sus actividades antes de que asumiera como presidente, continuó durante su gestión y mucho después de su muerte".
A los tres días de conocido el documento reservado, un chico de la JP, afiliado a la unidad básica Héroes de Trelew, de la villa San Pablo, era asesinado en General Pacheco. Se llamaba Nemesio Aquino.
Esa noche también estalló una bomba en la unidad básica Mártires de Trelew, causando graves daños.
En Córdoba reventaron otros tres artefactos en el domicilio de los diputados provinciales Fausto Rodríguez y Miguel Marcattini, del Frejuli, y una más casi destruye la casa del senador Tejada, titular de la Cámara de Senadores de esa provincia. Perón aún estaba por asumir su tercer mandato.
Al día siguiente, en San Nicolás, caía asesinado el periodista José Colombo, del diario El Norte , que según los atacantes "estaba plagado de comunistas".
Cuando Perón ya era presidente, dos días después del 12 de octubre, en Rosario, caía acribillado Constantino Razetti, un joven bioquímico. El 17, en Mar del Plata, se incendiaban las casas de Andrés Cabo y de Alfredo Cuestas. Los tres eran dirigentes de la JP.
El día 21, en Santos Lugares, el fuego empezó a consumir el ateneo peronista Heroica Resistencia, y al día siguiente estallaba una bomba en el despacho de Alberto Martínez Baca, gobernador de Mendoza. El 21 de noviembre, cuando el senador radical Hipólito Solari Yrigoyen puso en marcha su coche se salvó por milagro, porque estalló una bomba que sólo le hirió un pie. Por medio de un comunicado se hizo responsable el grupo denominado Alianza Antiimperialista Argentina (AAA). La novedad de atacar a un legislador radical puso esa sigla en boca de todos y, a partir de allí, la Triple A, que venía asesinando a jóvenes militantes, pasó a ser la identidad de los nuevos atentados.
Perón seguía siendo presidente -por más que Solari Yrigoyen no se acuerde- y, aunque todos sospechaban del Gobierno, en diciembre el general dijo: "Muchas veces me han dicho que creemos un batallón de la muerte, como el brasileño, o que formemos una organización policial para hacerle la guerrilla a la guerrilla. Pienso que eso no es posible ni conveniente". Sabía que las Tres A estaban funcionando desde hacía tres meses.
Días después, el 23 de enero se ametralló el frente de la casa del dirigente peronista Manuel Héctor Delgado, y a los cinco días, tras un secuestro, apareció en un baldío el cadáver de José Contino, militante de la JP.
La desmentida de Perón no hizo más que confirmar las sospechas, pues la Triple A difundió, el 29 de enero, una lista negra de futuras víctimas. Figuraban en ella Silvio Frondizi, Mario Hernández, Gustavo Roca, Mario Santucho, Armando Jaime, Raimundo Ongaro, René Salamanca, Agustín Tosco, Rodolfo Puiggrós, Manuel Gaggero, Ernesto Giudice, Roberto Quieto y Julio Troxler. Estaban también los coroneles Luis Perlinger y Juan Jaime Cesio, y el obispo Luis Angelelli, de La Rioja.
En una reunión de prensa, el 8 de febrero, Ana Guzzetti, del diario El Mundo , le confirmó a Perón que en dos semanas hubo 25 unidades básicas voladas y doce militantes muertos o desaparecidos. Y le preguntó qué medidas iba a tomar para investigar estos atentados fascistas de grupos parapoliciales ultraderechistas. Ofuscado, Perón se dirigió a uno de los edecanes: "¡Tomen los datos necesarios para que el Ministerio de Justicia inicie la causa contra esta señorita!".
Pero la orgía no se detuvo, pues el 19 de ese mes fueron secuestrados Jorge Antelo y Reynaldo Roldán, militantes del ERP, de quienes nunca más se supo.
En San Nicolás, fue asesinado el 16 de marzo el médico radical Rogelio Elena.
El 30 lo mataron a balazos, en Lomas de Zamora, a Pedro Hanssen, dirigente de la JP, y al otro día asesinaron a Héctor Félix Petrone, en Lanús. El 9 de abril fue secuestrado Ricardo José González, de la JUP.
Esa misma noche le hicieron un simulacro de fusilamiento a Antonio Iglesias, militante de Vanguardia Comunista, en el parque Pereyra Iraola.
Aunque sabía todo esto por su militancia, el diputado Carlos Kunkel le aseguró, hace poco, a los periodistas Alberto Amato y Walter Curia, de Clarín, que "Perón ni remotamente tuvo que ver con la Triple A". No pensaba lo mismo el 17 de abril de 1974, al ser detenido en el Chaco cuando iba a copar la colonia aborigen de Resistencia, junto con los sacerdotes Joaquín Núñez y Gianfranco Testa. Kunkel se salvó por un pelo de ser torturado. Acababa de renunciar, en enero, a su banca de diputado, después de que Perón amenazara en Olivos al grupo de peronistas de izquierda donde él estaba: "En una semana se termina todo esto -escuchó de labios del líder-, porque formo una fuerza suficiente, lo voy a buscar a usted y lo mato." Kunkel sintió el dedo acusador del general; sabía que esa fuerza estaba en funciones. No ignoraba que era Perón quien la había organizado, sobre todo cuando le oyó decir: "Puestos a enfrentar la violencia con la violencia, tenemos más medios posibles para aplastarla. Y lo haremos a cualquier precio, porque no estamos aquí de monigotes". Kunkel admite ahora que ellos eran "unos loquitos" y dice no conocer el documento reservado. Es raro que no haya hojeado La Opinión del 2 de octubre de 1973, ni leído La voluntad , de Eduardo Anguita y Martín Caparrós, donde se lo reproduce íntegramente.
El 25 de abril, en Monte Grande, era asesinada Liliana Ivanoff, militante de la Agrupación Evita. Uno de los principales episodios ocurrió en Mataderos, cuando el sacerdote Carlos Mujica fue acribillado el día 11, al salir de la iglesia San Francisco Solano. Nadie puede olvidarse de este crimen, perpetrado por Rodolfo Almirón, uno de los jefes de la Triple A. Esto también ocurrió bajo la presidencia de Perón. Pero habría más, pues el secuestrado Bidegorry iba a aparecer con signos de torturas.
El 28 se hallaron los cadáveres de Oscar Dalmacio Mesa, Antonio Moses y Carlos Domingo Zila, secuestrados de un local del PST, en General Pacheco, y fusilados en un descampado de Pilar.
El 2 de junio, el asesinado a balazos fue el joven Rubén Poggioni, por pegar carteles del Partido Comunista.
El día 6, Gloria Moroni, de Tendencia Estudiantil Revolucionaria Socialista, sería secuestrada y torturada.
El 14 se denunció la desaparición de Juan de Dios Odriozola, cuya madre fuera muerta en la batalla campal de Ezeiza.
Perón murió el 1° de julio y, en los nueve meses de su gobierno, los parapoliciales de la Triple A actuaron en zonas liberadas para secuestrar, torturar y matar a jóvenes de izquierda. Se identificaron quince cadáveres, sin contar los secuestros.
Luego, con su esposa en la presidencia, la cifra se elevaría casi al millar.

domingo, enero 28, 2007

La Triple A y la geografía nacional: Los Pasados Abiertos

Aquí va otra:

El pasado del peronismo está cerrado”, dijo el ex presidente Eduardo Duhalde al mismo tiempo que se postulaba como abogado defensor de María Estela Martínez de Perón en relación a las causas abiertas que investigan los crímenes de la Triple A.
Una frase que busca sepultar la responsabilidad de ciertos sectores del sindicalismo en el armado de la organización a nivel nacional, mucho más allá de los límites de la avenida General Paz, cosa que muchos grandes medios de comunicación y el propio juez Norberto Oyarbide parecen ignorar.
Algunos gremios de las míticas 62 Organizaciones Peronistas participaron activamente de los hechos del 20 de junio de 1973, en Ezeiza; del asesinato del ex vicepresidente del Banco Municipal de Rosario, Constantino Razzetti, producido el 14 de octubre de aquel año; de la invasión de Villa Constitución el 20 de marzo de 1975 y del navarrazo en la provincia de Córdoba.
Pero en todos los casos hubo logística estatal aún anterior a la presentación oficial en sociedad, el 21 de noviembre de 1973, en el atentado contra el ex senador nacional del radicalismo, Hipólito Solari Yrigoyen.
En estas líneas responden dirigentes de las 62 rosarinas, sobrevivientes del “Operativo Rocamora” contra la UOM de Villa Constitución y, por primera vez, se publican los dichos del reconocido sociólogo Ezequiel Ander Egg que narra el fusilamiento que soportó de la Triple A en Córdoba y cómo detrás de la organización estaba, en realidad, el Tercer Cuerpo de Ejército, con asiento en la ciudad mediterránea.
De tal forma, ningún pasado está cerrado, no solamente el del peronismo. Como también es necesario abrir la investigación en cada una de las provincias para generar una visión nacional que es la única forma de entender un proceso que, obviamente, se desarrolló en toda la geografía argentina.


Por Carlos del Frade.
(Ag. Walsh-27/01/07)
___________
Entre Rucci y San Vicente

Para la delegación rosarina de las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas, las causas abiertas en torno a la Triple A "constituyen un inadmisible, indigno y oprobioso ataque post-mortem contra el ex presidente Juan Domingo Perón. No es la primera vez en la historia del país que el líder de los trabajadores es objeto de persecución, pero en esta ocasión y a más de 30 años de su desaparición, las circunstancias lo tornan en un hecho lamentable y bochornoso", añade el comunicado publicado por el diario “La Capital”, el lunes 22 de enero de 2007.
De acuerdo a los dirigentes de la ex ciudad obrera, "fue el mismo Perón el que eligió a la señora María Estela no sólo como compañera de su vida, sino como compañera de fórmula para la elección presidencial y, en consecuencia, toda arremetida contra su esposa es una arremetida contra su figura".
El comunicado decía que se trata de un “ataque” contra "todos los peronistas que se precien de tales y no sean meros advenedizos e hipócritas con disfraces políticos que participen del Movimiento Nacional Justicialista para alcanzar sus fines personales o sectoriales, pero no los fines de la patria, como lo propone el justicialismo".
En diálogo con este cronista, Oscar Daniele, secretario general de las 62 rosarinas, dijo no coincidir en que la Triple A fuera el huevo de la serpiente del terrorismo de estado instalado a partir del 24 de marzo de 1976.
Recordó el bombardeo a la Plaza de Mayo, de junio de 1955, en el que “hubo criaturas muertas como consecuencia de aquello y se hizo con recursos del estado. Lo mismo cuando se dieron los fusilamientos a los compañeros de la resistencia o el vaciamiento de las universidades en la década del sesenta”, apuntó el dirigente de cuarenta y ocho años de edad.
A la hora de responder sobre si estas declaraciones de las 62 Organizaciones tanto a nivel nacional como regional que dicen defender a Isabel y Perón no son en realidad una forma de tapar la colaboración que tuvieron sindicatos muy poderosos como UOM, SMATA y otros con la Triple A, Daniele indicó: “No puedo negar que quizás de esas formaciones asesinas hubo algunos desprendimientos que terminaron siendo patas de plomo...Eso creo que era hasta inevitable y creo que quizás sucedió”, respondió.
Daniele también realizó una autocrítica en relación a la no participación del movimiento obrero en las marchas por los derechos humanos en reclamo de justicia.
“Pero no vaya a ser que habiendo tenido tantas víctimas del 55 para adelante, ahora terminemos siendo los victimarios. Y vos sabés que en este país tenemos serísimas dificultades en cuanto a los jueces que investigan causas de todas clases. La duda es política. Pensamos, a riesgo de equivocarnos, que esto es un juicio político al peronismo”, reafirmó el dirigente ahora si en sintonía con la visión nacional de algunos gremios que empapelaron las calles de Buenos Aires diciendo: “No jodan con Perón”.
Ante la repregunta sobre si con la figura de Perón no están tapando responsabilidades propias, Daniele reconoció que “quizás algunos quieran usarlo para que no se investigue pero cuando se pretende una investigación objetiva con Oyarbide, entonces, estamos en problemas...”, respondió el titular de las 62 Organizaciones rosarinas haciendo alusión a las varias denuncias que pesan sobre el magistrado.
-¿Cómo vivió el asesinato de Rucci? - indagó el periodista.
-Habían eliminado al último bastión que le quedaba a Perón. El compañero Rucci era una muralla para ese personaje que fue López Rega y otros tantos. Fue un hecho tremendo, una bisagra dentro del peronismo y que produjo enfrentamientos no deseados. Tenía dieciséis años en ese entonces y era metalúrgico, aprendiz, en una fábrica de platos para tornos en la calle Amenábar al 1800. Y lo vivíamos de cerca. Perón se quedaba sin quien lo cuidara. Esa era la sensación.
-¿Pero sintió la necesidad de devolver aquel asesinato?...
-No soy de devolver. Así como la muerte de Aramburu fue excusa para algunas cuestiones, la muerte de Rucci fue la excusa para liberar fuerzas que quizás no nacían del propio sindicalismo pero que usaban esa figura para una revancha que no le hacía nada bien a nadie....Nosotros siempre fuimos Juventud Sindical Peronista.
-Pero Rucci fue señalado por Walsh, Verbitsky, Carlos Juvenal y otros investigadores, como coautor, junto a Osinde y Brito Lima de la masacre de Ezeiza...
-Te voy a contestar igual que cuando sucedió lo de San Vicente. Eso fue una operación para dirimir algunas cuestiones de la provincia de Buenos Aires y una pelea de doscientos borrachos que tenían que salir por televisión. Nosotros en el 73 discutimos ideología y había gente que peleaba por el poder. La JSP contra la JP discutían ideologías y algunas metodologías. En ese entonces el 47 por ciento de la renta iba para los trabajadores, en esos momentos. Ahora estamos en el 25 por ciento. Pero estamos discutiendo salarios y no ajuste y hoy, nuevamente, nos quieren meter en este tipo de discusiones. Da la impresión que te quieren desviar del objetivo. Nosotros renegamos siempre de la violencia. No nos movimos nunca de esa línea. Las reacciones eran muy sanguíneas. Para nosotros era un honor barrer la básica en el 71, ahora tenés que pagar una empresa particular para que te la limpien. Proyectalo para arriba...Era un país en progreso, en ascenso, en crecimiento...Todo está maquinado desde afuera. Hubo una idea: no podía seguir siendo independiente la República Argentina. La deuda externa era de cinco mil millones de dólares...y como trabajador en el ministerio te atendían y te acompañaban contra la patronal. Hubo premeditación y alevosía para destruir aquel país.
Daniele está convencido que Rucci “era un hombre que buscaba los consensos permanentemente. Osinde y compañía usaron todo esto como justificación de la violencia para perseguir a los opositores. Y eso se trasladó al campo de batalla y ni siquiera fue una batalla. Acá repelieron a los compañeros que con mucho sacrificio iban a buscar la esperanza de los argentinos después de tantos años. Mezclar Osinde con Rucci no tiene nada que ver...Lo descarto totalmente. O destruyo la figura de Rucci o enaltezco la de esos dos, si fuera verdad esa idea”, desafió el dirigente.
-¿Cuál es su posición en torno a la invasión a Villa Constitución del 20 de marzo de 1975?.
-Eso fue una lucha interna de la UOM, estaba encapsulado en lo que fue la UOM. Se reclutaron para dirimir esa situación de diferentes sectores... Si lo de Rucci fue un error estratégico, eso también lo fue, desde otro lugar. Se ponían en contra de la conducción de Villa Constitución y también de la gente de la ciudad que avalaba esa conducción.
-Pero entonces este debate en torno a la Triple A no debería molestar de ninguna manera al peronismo...
-Hay que dar el debate, la discusión. Pero hay corporaciones e instituciones. Si hubiese objetividad...Celebro la renovación de la Corte Suprema de Justicia, pero Oyarbide, este hombre de Mendoza que tiene catorce denuncias en el Colegio de la Magistratura, a quiénes son funcionales...Hay dos líneas de pensamiento en el movimiento obrero. Una decía que el gobierno nacional estaba detrás de esto; y otra, porque no hay que olvidar que el menemismo eligió estos jueces, no será que nos quieren separar del presidente. Cada vez que se puede lograr esa amalgama entre el movimiento obrero y el presidente, algo sucede. No le tengo miedo a la investigación sino a la falta de objetividad en la investigación.
-¿Qué pasaría se si demostrara que a Constantino Razzetti lo mató un grupo de patas de plomo relacionado con el Sindicato de la Carne de Rosario, tal como se dijo en su momento?.
-No lesiona la memoria de Perón ni a los actuales dirigentes excelentes que tiene hoy el Sindicato de la Carne...Pero un secretario general de la Carne no es lo mismo que Perón. Se tiene que hacer justicia porque te exculpa a la institución. Vos estás diciendo algunos sectores del sindicato de la Carne, si se descubre quién es, ya decís Pepe...y no el sindicato.
-Pero si esos hombres fueron bancados por el sindicato, ¿de quién es la responsabilidad, entonces?.
-Y...hay que averiguar si estuvo bancado por la institución...En el trasfondo de todo esto hay dos o tres que piensan y el resto, tontamente, ejecuta...

Grupos económicos y modelo sindical

Alberto Rocamora, ministro del Interior de la administración de María Estela Martínez de Perón, impulsó la invasión de Villa Constitución en la madrugada del 20 de marzo de 1975. Las patronales de las empresas metalúrgicas, Acindar, Marathon y Metcon, pagaron hasta doscientos dólares a cada uno de los integrantes de las bandas de civiles y uniformados que convirtieron al albergue de solteros de planta gerenciada por José Alfredo Martínez de Hoz en el primer centro clandestino de detenciones del país.
Poder económico, patotas sindicales y Triple A, según la declaración que hiciera el ex oficial de la policía federal, Rodolfo Peregrino Fernández.
Victorio Paulón, actual secretario general de la UOM de Villa Constitución y uno de los principales referentes de la Central de Trabajadores Argentinos, señaló que mismo día que asesinaron al abogado Rodolfo Ortega Peña, apoderado de la lista Marrón de aquella ciudad, “volaron el local de la vieja FORA, donde funcionaba la agrupación y que todavía no había ganado el sindicato”.
Para Paulón, “entre el terrorismo de estado y la Triple A hay simplemente una continuidad, uno fue el accionar de civiles, el otro, uniformados. Estas bandas operaron desde el seno de la estructura del estado, sino es impensable que en dos años hayan asesinado a mil ochocientas personas en la Argentina”.
En relación al pago de las grandes empresas para reprimir, torturar, desaparecer y matar, Paulón no tiene dudas sobre la relación del poder económico y el terrorismo de estado.
“No es complicidad, es protagonismo. Los grupos concentrados, las grandes empresas son protagonistas de la represión. Esto lo aportamos ante el juez Garzón. Uno de los fundamentos para demostrar el genocidio. Definieron producir esta masacre. El objetivo estratégico fue destruir la organización sindical en los niveles de base. Por eso más del cincuenta por ciento de los desaparecidos eran militantes obreros. Reivindico de este gobierno el haber hablado de este capítulo silenciado que es la Triple A. Treinta muertos en los años setenta, dieciséis de ellos de la Triple A. El primer secuestrado fue Rodolfo Manccini, delegado de Metcon, que apareció carbonizado en el baúl de un auto, cerca de Escobar. Después secuestraban de a tres o cuatro. Tompson, Reche y Andino desaparecieron los tres juntos, a fines de 1975. Antes la abogada De Grandis, Palacios y Carlos Ruesca. Estuvo un mes y medio en Coronda y cuando volvió y organizó una colecta de solidaridad para los presos terminó preso y desaparecido. Y De Grandis que fue a hacer jubilaciones, se encontró con las causas de los despedidos. La secuestraron y después apareció con lo senos cortados y ellos con los genitales en el bolsillo. Eso fue en octubre de 1975. No había dimensión del nivel de represión que había...”, apuntó el dirigente de la UOM de Villa Constitución.
-¿Qué rol cumplieron los sectores tradicionales del sindicalismo en aquella ocupación?.
-En Villa Constitución, esa caravana que ocupa la ciudad por la vieja ruta 9, tiene como protagonistas además de la Federal y algunos integrantes de Prefectura, a los militantes de la Juventud Sindical Peronista, la JSP. Era el personal civil encapuchado que fue el que llevó adelante la mayoría de los allanamientos y llevó preso a los compañeros, más de doscientos fueron detenidos en ese día. Y justamente, ese día, en el cordón industrial fueron detenidos todos los delegados paritarios. El mismo día que fue intervenido el sindicato de la UOM en Villa Constitución y también la FOTIA, de Melitón Vázquez, los últimos dos baluartes del sindicalismo combativo y clasista que se habían formado en los años sesenta.
-¿Qué importancia política, histórica, tienen las causas abiertas sobre la Triple A?.
-La verdad histórica. No se puede construir sobre la mentira. Este es un país que va a supurar cíclicamente tanto crimen si una vez por todas no se esclarece. En segundo lugar, esto está profundamente enraizado con el debate del modelo sindical en la Argentina. No podemos dejar de hacer esta discusión sobre el rol que jugó una determinada dirigencia sindical que son los mismos que después son travestizados en empresarios en la década del noventa. En aquel momento fueron cómplices de estos grupos de derecha y si no, vayamos a los medios de la época y veamos qué dijeron cuando mataron a Constantino Razzetti. Detrás de este asesinato se habla de ellos...Creo que hay que seguir adelante con esto y esclarecer toda la verdad. A partir de eso, si, se puede pensar que la Argentina abrirá un nuevo capítulo saldando las viejas heridas - terminó diciendo Victorio Paulón.

Detrás de todo, los comandos de cuerpo.

Ezequiel Ander-Egg es pedagogo, sociólogo, ecologista y militante permanente por los derechos de la niñez en casi todo el planeta. Con más de cien títulos publicados y un millón de ejemplares vendidos, Ezequiel fue uno de los sobrevivientes de la Triple A en la provincia de Córdoba, donde el nombre elegido fue Comando Libertadores de América.
Allí también se hicieron visibles los lazos entre patotas sindicales de derecha, policía provincial y ejército.
Ander-Egg contó por primera vez su dolorosa experiencia el 30 de agosto de 2006 con motivo de un encuentro nacional de Agricultores Federados Argentinos que se realizó en Tanti, en el hermoso paisaje cordobés.
Su testimonio evidencia la dependencia del grupo armado y supuestamente paraestatal con el comando del tercer cuerpo de ejército y con el tristemente célebre, Mario Benjamín Menéndez.
“Mi exilio es una tragedia, porque fui fusilado...Y cuando vino la democracia me tuve que auto exiliar porque la revista más popular de la Argentina, Humor, publicó un artículo que decía: “Ander Egg, una de las dos personas que sobrevivió a un pelotón de fusilamiento de la Triple A”.
“Y estos tipos eran unos criminales y yo un idiota que ni sabía pelear. La tragedia es que yo se quién me mandó a fusilar, vivía aquí en Córdoba, un loco, el general Menéndez...
“Yo me vi metido entre dos fuegos, porque yo soy pacifista, progresista...y sabía que los jóvenes eran tremendamente generosos. Por eso ayer me puse a llorar cuando pasé por Carlos Paz, por el lago San Roque, porque se de algunas personas que conocía que fueron tiradas ahí. Jóvenes generosos que se metieron en una estrategia suicida...Ellos decían: “Nosotros somos la vanguardia esclarecida del peronismo”...Pero, cómo vas a hacer una guerra sin aviación... pero murieron 30 mil jóvenes. Y al mismo tiempo me acusaban de ser ideólogo de la guerrilla. Fue una cosa horrorosa, me quedé entre dos fuegos...
“El problema fue que quedé herido, estuve 31 días tirado sin auxilio, tendría que haber muerto, una campesina me llevaba un poco de comida, no quería que supiese mi nombre y lo único que quería era vivir embarrado para que no avance la gangrena. No sabía lo que tenía roto y fue trágico cuando pude salir...
“En Venezuela me dijeron que era muy grave, que nunca más en la vida iba a caminar.
Pero la tragedia es mucho más grande, porque yo sabía que me querían matar, pero cómo iba a abandonar a los jóvenes que estaban en una locura. Mi fidelidad a los jóvenes, fue una fidelidad hasta la muerte. Entonces saqué todo el dinero para sacar a mi familia al exilio.
“Pero ese día, cuando escaparon, no me encontraron, entonces encañonaron a mi familia y se llevaron todo el dinero. La que era mi esposa los denunció y a los tres días dinamitaron la casa con ella y un hijo mío. Es una tragedia tras otra. Al día siguiente de mi fusilamiento quisieron secuestrar a un hijo mío y él cambió el itinerario para canjearme conmigo y nunca más volvió a la Argentina.
“Yo se por qué he comprometido mi vida al servicio de los pobres, los marginados, de los desgraciados, por qué todavía ahora, con 76 años sigo luchando para cambiar un poquito el mundo, lo sé, pero entonces no lo sabía. Tampoco sabía por qué mis hijos tenían que sufrir. Porque en el momento que viene el pelotón de los nueve tipos, con ametralladoras y todo, estaban tres hijos, uno de 14, otro de 11, otro pequeño. El de 14 pudo darse cuenta, el que nunca más volvió a la Argentina; el pequeño no se daba cuenta y tenía un hijo en una edad trágica, que me ha servido para ayudar a miles de niños después de la guerra que hubo en Sarajevo, que hay en África... Es una edad trágica, porque el terror metido en un niño aflora y saben lo que significa para mí que mi hijo, ese hijo, que presenció eso, se volvió loco por el terror...
“¿Sabés lo que es mirar los ojos grandes y hermosos que él tenía y estaba perdido por mi causa?. ¿Sabés lo que significa que mi madre, una campesina pobrísima, explotada en la cosecha de maíz en la provincia de Santa Fe a comienzos del siglo XX, se volviera paralítica por los fusilamientos, por esos atentados para matarme?.
“...Ella quería que yo abandonara la lucha, pero entonces yo le dije: “Mientras haya en el mundo un sola mujer campesina explotada yo no dejaré la lucha”. Para mi, todo esto es una carga psicológica y de sufrimiento que será para siempre”, dijo Ander-Egg con su corazón adolescente, tal como él mismo lo definió.
Esta nota apareció en el diario La Nación, el sábado 20/01/2007.
La reproducimos porque consideramos que aporta datos importantes respecto de Perón y de Isabelita, la discípula.
Esos datos contribuyen a esclarecer las razones por las que ascede al poder, la Sra.
La misma Sra. que permaneciera impávida, con el aval del propio Perón hasta Julio del 74, frente a la matanza desatada por la Triple A que secuestró y asesinó a cientos de dirigentes obreros y estudiantiles.
La Sra. que amenazó con "el látigo" a quiénes tenían la osadía de oponerse al plan de explotación y miseria de su ministro de economía, Celestino Rodrigo.
Aquella que llamó a aniquilar a la guerrilla, cuando esta ya estaba bastante golpeada y aislada como producto de su propia estupidez, otorgando con ello potestades impensables a los comandantes militares para ser usadas fundamentalmente en la orgía de fuego con la que destruyeron a miles de personas, cuyo principal delito era pelear por un orden justo.
Por supuesto como Eloy Martinez, pensamos y sabemos que Isabelita no estuvo sola en esto.
Su posible enjuiciamiento puede servir para correr el velo y comenzar a enfrentar la discusión sobre nuestro pasado próximo. Ojalá, así se haga.
Isabel, la mejor discípula
HIGHLAND PARK, N.J.

El sábado 28 de marzo de 1970, cuando llegaban a su fin mis cuatro días de conversaciones con Juan Domingo Perón, en los que el exiliado de 75 años me permitió grabar la historia de su vida, me atreví por fin a formularle la observación que había tenido todo el tiempo en la punta de la lengua: "¿Se da cuenta, general, de que Evita está ganándole la batalla de la historia?". Tal como lo esperaba, Perón se encrespó. En la grabación se lo oye golpear su escritorio de la quinta 17 de Octubre, situada en las afueras de Madrid. Las tazas de café tintinean, las cucharitas vuelan por el aire. El tiempo no ha borrado el disgusto de Perón, que está todavía allí, en las cintas.

El viejo general no podía pasar por alto el desafío: "Eva fue un producto mío", dijo con voz ronca. "Yo la preparé para que fuera lo que fue. En la mujer hay que despertar las dos fuerzas extraordinarias que son la base de su intuición: la sensibilidad y la imaginación. Cuando esos atributos se desarrollan, la mujer se convierte en un instrumento maravilloso de la voluntad del hombre. Claro, es preciso darle también un poquito de conocimiento. De otro modo, no sirve ni para los menesteres".

Un par de veces durante cada uno de esos días me crucé en la quinta de Puerta de Hierro con Isabel Martínez, con la cual Perón se había casado el 5 de enero de 1961 en la iglesia de la Virgen de la Paloma, en Madrid. Se movía con discreción, como un fantasma frágil, y las únicas palabras que le oí fueron: "¿Quieren café o té los señores?", siempre con el mismo tono neutral y monocorde. En una de esas ocasiones, José López Rega -que hasta 1969 había sido una figura invisible en la vida doméstica de la quinta y que al año siguiente ejercía un control abusivo sobre los movimientos del matrimonio- interrumpió nuestro diálogo exhibiendo una enorme foto de Isabel, en la que ella aparecía llorando durante una ceremonia en la que había representado al marido, días atrás. "Vea, general: esta sí que es una mujer hecha y derecha. De acero para obedecer sus órdenes y llena de ternura cuando se le tocan los sentimientos". Era una alusión clarísima al carácter intransigente de Evita, a la cual Perón acababa de llamar "fanática y sectaria, incapaz de transar con lo que no es peronista".

Poco antes de despedirme, del viejo caudillo, aquel sábado de 1970, le pregunté, ya en entre los árboles del huerto delantero, si su esposa estaba preparada para tareas más arduas que las del exilio. "He tenido muchos discípulos en la vida", respondió. "Ninguno ha llegado tan lejos como Isabel en el aprendizaje de la conducción. En cada tarea que le he encomendado ha hecho las cosas muy bien. Tiene inteligencia e instinto, y a mi lado ha ido adquiriendo una habilidad para mandar mejor que la de los políticos profesionales".

Cuando Perón la eligió como su vicepresidenta, en 1973, le quedaban sólo diez meses de vida. Confiaba en Isabel a ciegas y pedía con frecuencia su consejo. Sabía exactamente lo que significaba abrirle un espacio en la fórmula presidencial. Sería una mujer dócil, obediente, que haría lo que le dijeran al pie de la letra.

No contaba con que López Rega estaba allí y que tenía sobre la esposa la influencia de un sumo sacerdote. Perón trató de educar a Isabel con la razón. López Rega lo hizo a través de la fe. El mayordomo, astrólogo y secretario del viejo general era tan seguro de sí y de sus artes esotéricas que no ocultaba nada de lo que pensaba. En julio de 1972 le oí decir que "si para educar a los argentinos tiene que correr sangre, entonces derramaremos sangre". Perón, que también estaba allí, asintió. "Si no lo hacemos nosotros lo harán otros", dijo. "Yo perdono siempre a los infiltrados y a los traidores. Pero los que me siguen no perdonan jamás."

Quién sabe si Isabel Perón recordaría esas historias cuando Interpol la arrestó el 12 de enero en su casa de Villaviciosa de Odón, un suburbio situado a treinta kilómetros al oeste de Madrid. Vivía allí desde 2001, resuelta a no dejarse molestar por las turbulencias del pasado. Todos los que habían compartido el poder con ella ya estaban muertos. Su paso por la política había sido una sucesión de fracasos. No se podría decir que era inocente, porque aprobó todo lo que se hacía en su nombre: las represiones, las muertes, el decreto de aniquilación. Durante los veinte meses de su desastroso gobierno -legítimo, pese a todo- hubo más de ochocientas desapariciones y unos quinientos asesinatos. López Rega contribuyó al horror de esas estadísticas, pero Isabel lo dejó hacer y protegió su poder siniestro mientras el delirio de los crímenes crecía. Es imposible saber ahora si Perón habría aprobado la amplitud de tanta barbarie. Pero está claro que sin él nada de eso habría sucedido. Perón creó los monstruos y los dejó sueltos en una Argentina confundida.

Cuando decía en Madrid que ningún discípulo le había salido tan bueno como su esposa pasaba por alto las boberías de Isabel durante la llamada Operación Retorno, el fallido intento de Perón de regresar a la Argentina desde España, el 1º de diciembre de 1964. Ella convenció entonces al general que saliera desde la quinta 17 de Octubre hacia el aeropuerto de Barajas escondido en el baúl de su automóvil Mercedes Benz. Creía sin vacilar -y así lo dijo- que, cuando Perón volviera, ella sería más grande que Evita.

En 1965, Isabel regresó a Madrid desde Buenos Aires, después de una travesía vicaria sin pena ni gloria. Al partir declaró a la prensa en el aeropuerto: "Voy a ver a mi esposo, a quien en todo este tiempo no he podido visitar. Volveré tan pronto como me sea posible. Viajan conmigo mi secretaria Luisa Valle y el escritor [sic] José López Rega". Ya entonces había caído bajo la seducción de lo esotérico, en un reino astral donde no hay bien ni mal, sólo expiación y culpa.

Es difícil decir si fue sólo una viuda embriagada por el poder o una crédula que no conocía sus límites. Aunque el 12 de enero estuvo detenida sólo cinco horas, negándose a que la juzguen en la Argentina, los crímenes de que la acusó un juez federal de Mendoza -la desaparición de un joven y el secuestro de un menor- son apenas guijarros de la avalancha sangrienta que se padeció durante su gobierno.

Si Isabel es responsable, no es la única. Algo del bien que le enseñaron lo aprendió mal, o quizá aprendió demasiado bien el mal que le enseñaron.

Por Tomás Eloy Martínez
Para LA NACION


martes, enero 09, 2007

El Tolueno y el lago RHASA

El sábado 29 de diciembre una publicación electrónica, Cancercrisis, que informa sobre la ciudad de Campana colgó una noticia que debería preocupar doblemente a las autoridades (municipales, provinciales o nacionales) y a la ciudadanía toda.
Efectivamente, en esa fecha se dió a conocer, documentada con imágenes satelitales, la existencia de un "pintoresco" lago de aguas negras, en el viejo predio de la fábrica militar "El Tolueno".
Dicho lago se habría formado por la acumulación de hidrocarburos y otros desechos del petróleo, productos de la actividad industrial de RHASA. Cabe aclarar que en El Tolueno funciona, hoy en día, la petrolera RHASA, una de las empresas que forman parte del Comité Interindustrial de Conservación Ambiental de Campana y Zárate (CICACZ).
¿Porqué decimos que la preocupación tiene que ser doble?
1.- Cómo ya lo hemos expuesto en este blog, y como es de conocimiento público en "El Tolueno" funcionó durante la dictadura militar un CENTRO CLANDESTINO DE DETENCION. Este Centro es objeto de denuncia e investigación en varias causas que se tramitan en la Justicia. Precisamente por ello, hay orden, por parte de los jueces intervinientes, de que no se modifique o se altere en absoluto el paisaje y la composición del lugar.
2.- Tal como se expresa en el sitio consultado, este lago implica un importante grado de contaminación ambiental, que ha sido denunciado por la ex-Directora de Medio Ambiente de la Municipalidad de Campana, Ing. L. Meissl.
¿Alguna autoridad hará cumplir las disposiciones legales de cuidado del ambiente y judiciales respecto de la investigación en curso?. ¿Se sancionará a Rhasa por contravenir una disposición legal y judicial?. ¿Se investigará a todos los funcionarios actuantes que por acción u omisión han permitido y permiten semejante dislate?.
Colgamos las imágenes más destacadas que verifican lo denunciado y les sugerimos entrar a Cancercrisis.8K.com para ver la nota completa.

1.- Vista general. A la derecha, de la imagen, podrán localizar el predio de "El Tolueno"

2. Vista ampliada de "El Tolueno". Claramente se vé el lago de unos 100 metros de ancho por unos 400 metros de largo.

3.- Vista próxima del lago.

León Rozitchner y las desapariciones en democracia

El poder siniestro del terror

Ante los casos de Julio Ángel Gerez y Jorge Julio López –de quien no se sabe nada desde hace más de cien días-, el filósofo habla del efecto psíquico del resurgimiento de la figura simbólica del desaparecido. También señala las consecuencias peligrosas de las conmemoraciones que alumbran sólo el horror pero no profundizan en las causas que le dieron lugar. "No se puede separar a la economía de los instrumentos y agentes del terror que la hicieron posible", subraya. El subsuelo tenebroso del Estado, el temor de los intelectuales y la vocación de fracaso de la izquierda. La salida colectiva como única herramienta para superar al miedo.
- ¿Se sorprendió con las desapariciones de López y Gerez?
- En última instancia no debería extrañarnos, porque el desparecido sólo es el extremo límite del quitar la vida a un ser humano. El gatillo fácil es también un eufemismo macabro, aunque obsceno en su ironía, para disfrazar el asesinato de cientos de niños y adultos cuyos autores, policías, permanecen impunes y protegidos por la justicia. Lo que sí extrañó es la vuelta de la figura simbólica del desaparecido, propia del genocidio militar, y justo cuando se los está juzgando. La amenaza social tiene allí un siniestro modelo para aterrar a la gente que resiste. Su efecto psíquico es eficaz: al desaparecido tenemos que darle nuestra propia existencia para poder imaginar su ausencia. Pero al ponernos en su lugar se produce una extraña confusión: darle vida con tu propia vida para llenar su ausencia hace que sea la tuya ahora también la amenazada. Al ocupar imaginariamente el lugar de un resistente la amenaza de muerte también te alcanza. Cada ciudadano ve reaparecer de nuevo el poder siniestro del terror, y la sociedad vuelve a quedar aterrada. La libertad que se ha ido ganando poco a poco vuelve de golpe a perderse.
- ¿Por eso prendió tanto la teoría del shock emocional cuando desapareció López?
- La teoría del shock emocional, disfraz psiciologista de la tragedia, es más tranquilizadora. Es una forma de no dar crédito a la realidad de un país donde su sociedad vive la inquietud de una amenaza constante. La propia familia de López no quería creerlo y esa negación expandida contribuyó también a que la gente lo negara. Pero el miedo a las fuerzas represivas que el Estado cobija se reaviva. Si hasta el concejal (Hugo) Cantero, cuando fue el móvil policial a buscarlo porque habían encontrado a su amigo Gerez, tuvo que llamar al gobernador (Felipe) Solá para saber si era cierto, porque tenía miedo de subirse al patrullero y que también a él lo desaparecieran. Las fuerzas que debieran protegerte son las que pueden matarte. La magnitud de esta amenaza tiene una gravedad enorme: cada uno se convierte en un blanco bajo la apariencia de vivir en democracia, pero ésta sigue organizada por el modelo genocida.
- ¿ A qué tiene miedo usted?
- No sé, es medio difuso. Pero yo también estoy dentro del sistema. A mí me corresponden las generales de la ley como a cualquiera. En ese sentido no escapo a lo que todos sienten. También en los sueños nos persiguen.
- En marzo, cuando se cumplieron los 30 años del golpe, una multitud salió a la calle, todos los medios de comunicación hicieron sus programas de homenaje y, sin embargo, ahora la sociedad no reaccionó de manera masiva ante la desaparición de dos personas.
- Es el terror expandiendo su eficacia al campo de los medios: varios de sus propietarios fueron cómplices del terror para obturar la verdad de lo que sucedía. Lo que pasa es que todos esos homenajes de los medios tienen una doble inscripción. Cuando vos ves en la televisión todo lo horrible que pasó, esas imágenes que muestran, ocultan al mismo tiempo que revelan: no nos dicen por qué se produjeron esos hechos, quienes fueron sus promotores nacionales e internacionales, los poderes económicos, religiosos y políticos que los prepararon en una estrategia a la que Menem y sus secuaces le dio su acabado: la venta de todos los bienes nacionales, la destrucción de una cultura de creación y resistencia, la miseria de millones. Al mismo tiempo, con esos relatos limitados a describir los hechos espantosos vuelve a surgir la amenaza, porque la gente queda atrapada por el impacto de los más terrible. Eso queda grabado. No los prepara para enfrentar a los responsables. Y en la figura del nuevo desaparecido sólo ratifican las imágenes del horror pasado, porque se les oculta su persistencia necesaria en el neoliberalismo, que es otra forma normalizada del genocidio en su producción de miseria, de enfermedad y de hambre. Repentinamente se ratifica lo traumático. Cada vez que la TV o la prensa te pone una imagen de terror para –se dice- demonizarlo, tiene un doble sentido. Esa es la estrategia: por un lado lo condenan, pero por el otro te hacen sentir de nuevo lo temido en la imagen que destella. Ocultan el fundamento del terror persistente en lo que muestran, porque no esclarecen lo que están mostrando. Es el efecto siniestro y tenebroso que se expandió por toda la culta civilización de occidente al inaugurar el año nuevo cristiano mostrando cómo un hombre era colgado en la horca. Otra que el crucificado.
- Esta doble inscripción da lugar a un debate político que siempre se da sobre este tipo de hechos: están los que dicen que no hay que dar a conocer las amenazas e intimidaciones porque hace el juego a los provocadores y aquellos que sostienen que hay que denunciarlos para aislarlos.
- Indudablemente, el camino es el segundo. Los que callan se guarecen en el miedo: es claro, si no hay reacción desde el Estado y la población para ponerles coto, hacen como si no pasara nada. La impunidad se ve ratificada. Hay que denunciar y presionar al gobierno y a las instituciones que protegen a los asesinos. Tiene que crearse una fuerza social colectiva solidaria frente al crimen. Ya tampoco alcanza con salir con carteles a la calle, tiene que haber una actitud activa. Tampoco alcanza con mostrar por mostrar, la televisión hemos visto que es obscena. Fijate: mostraron a Kirchner, todo serio, dando su discurso en cadena sobre la desaparición de Gerez y después siguieron los canales, como si nada, con toda su estúpida frivolidad: hasta el propio Canal 7 lo hizo.
- ¿Qué significa que tres décadas después se utilicen los mismos mecanismos del terror?
- Son los mismos mecanismos, pero ahora los desaparecedores pasan a la clandestinidad: esa es la diferencia. Sin embargo la represión está enquistada y visible en las instituciones del Estado mismo: hasta el presidente lo dijo en su discurso. Existe como un poder dentro de la democracia que se encuentra en el subsuelo del Estado y de las instituciones. Un poder que subsiste y que nunca ha desaparecido. Pensá en la ley sobre la llamada policía privada que está por votarse en la provincia de Buenos Aires promovida por Solá, tan conmovido él por Gerez.
- ¿Por qué las instituciones del Estado no han podido sanearse en dos décadas de democracia?
- Porque el Estado fue cómplice, vivían juntos. En ese sentido, Kirchner estuvo bien al principio respecto de los derechos humanos del pasado, pero respetó a los grupos de poder económico que crecieron sobre fondo del terror militar y hasta los subvenciona. Su compromiso con el pasado -la privatización del petroleo- define su presente. Miden el desarrollo del país por los grandes números de la economía, pero a la mayoría de la gente ese goteo de las ubres repletas no sacia ni el hambre de alimentos, ni de educación, ni de salud de las mayorías . Los de abajo no reciben salarios adecuados, no hay medicina social, no hay viviendas, hay trabajo en negro y mal pagado.Casi todos los profesionales de todas las profesiones se han convertido en empleados explotados y sometidos de las empresas privadas, que se han comprado todo. En ese sentido, Kirchner sigue el modelo clásico sin atreverse a recuperar lo que sobre fondo del terror nos expropiaron. No es verdad que si a la Nación le va bien económicamente, también le vaya bien a la mayoría. La riqueza la recibe cierto sector, que no supera los tres millones de habitantes. Mientras tanto, los precios aumentan, es muy grave lo que pasa, por ejemplo, con la medicina: no sólo en los hospitales públicos sino también en la medicina privada. No basta con haber ordenado sacar el cuadro de Videla del colegio militar. Nuestra economía neoliberal, que es la gran genocida, es la que atenta ahora contra los derechos humanos.
- Tras los casos de López y Gerez se puede decir que la bestia no está tan desarmada
- Sí, pero eso ocurre porque no hicieron mucho para lograrlo. Comenzaron, pero se quedaron ahí. No cambió la policía, no cambió la justicia, no cambiaron ni los medios de comunicación, ni la educación, ni la salud pública. ¿Qué pasa con el petróleo, con los ferrocarriles, el gas, la electricidad, los teléfonos, con toda la riqueza expropiada que el genocidio hizo posible? Eso no se toca. Son muchso miles de millones los que las empresas envían a sus centrales europeas o norteamericanas. Ese es el gran despojo. No se puede separar a la economía de los intrumentos y agentes del terror que la hicieron posible.
- Pero estas desapariciones se dan justo cuando la justicia comienza a actuar y condena a cadena perpetua al Turco Simón y a Miguel Etchecolatz.
- No, yo no digo que no se haya hecho nada, pero las limitaciones están en no realizar transformaciones sustanciales. Si se los juzga es porque al mismo tiempo ya no los necesitan del mismo modo. Los medios de sometimiento, control y represión también se transforman y se actualizan con los cambios políticos. Con Daniel Scioli como candidato, por ejemplo, no promovemos una transformación real del sistema: su persona es un desafío a la inteligencia pública. Por eso no pueden pedir -ni tampoco buscan- un apoyo desde abajo. Saben que de todas maneras tendrán los votos, porque no queda otra.
- ¿Cómo vio la reacción de los intelectuales frente a estas dos nuevas desapariciones?
- No podemos englobar a todos sino a la mayoría. Ellos también interiorizaron la persecución. Su modo de distanciarse es preocuparse, por ejemplo, por la excelencia académica. La vida cotidiana a “la ciencia” le pasa de costado, como también a los profesionales que la universidad prepara para las empresas. Si orientan el saber científico o teórico hacia la realidad que se vive, son desplazados y quedan excluidos. No son vistos como productores del “saber objetivo”. ¿Quién les va a dar una beca? ¿Quién les va a permitir escribir en revistas con referato? ¿Quiénes van a ser nombrados profesores titulares? ¿Qué medios los van a tener en cuenta? Mejor dejar la crítica de lado.
- Habló del miedo de la familia López, de su miedo, del de los intelectuales, del de la sociedad, ¿Qué mecanismos existen para superar el terror?
- Para vencer el miedo individual la mayoría tiene sólo una única salida: la creación de un poder colectivo cuya fuerza viva venza nuestro individualismo tenebroso, que permita sentir que cada uno está contenido por los otros. Y que esa participación puede tener un efecto real para modificar nuestras condiciones de vida y hacerlas más humanas.
- ¿Usted percibe a algún actor social que haya podido escapar del miedo?
- Nadie escapa al miedo, salvo quienes impunes lo producen o lo gozan. Al miedo se lo enfrenta: Lopez y Gerez son actores sociales. Bastante gente privada y colectivamente lo han hecho (las Madres por ejemplo), los que han levantando comedores populares, los organismos de derechos humanos, los que intentan elaborar vacunas en el Malbrán a pesar de la política oficial que las boicotea, los que trabajan y denuncian el estado de las instituciones públicas, los que salen a la calle para sentirse que no están solos y denunciar hechos aberrantes, la Correpi por ejemplo, y muchos otros.
- ¿En el 2001 se había logrado romper el miedo?
- Sí, porque la pequeña y algún sector de la burguesía mediana también salieron a la calle. Ni la amenaza del estado de sitio pudo detenerlos. Por un momento, aunque fugaz, se produjo una unidad inesperada y espontánea. Sus consecuencias fueron dispares, pero fue una experiencia inesperada la que vivieron muchos ciudadanos: una conquista breve que marca el imaginario político del país. Duró quizás, de manera visible, lo que un lirio. Una esperanza mustia de la omnipotencia imaginaria que se expresó en el pedido de que se fueran todos los políticos. Pero la izquierda, que casi siempre está presente y estimula a veces, en este caso aceleró la verificación de la fantasía transformadora. Yo estuve en las asambleas del Parque Centenario, y era lamentable ver cómo se peleaban por el micrófono y cómo querían bajar línea revolucionaria a los vecinos. Hay mucha vocación de fracaso en la izquierda. Espantan a la gente, pero no se dan cuenta: confunden el deber-ser con el ser. Es lo mismo que pasa con la Universidad, disolvieron la base estudiantil y se convirtieron en una patota fuerte por lo aguerrida, ante la indiferencia de la enorme masa de estudiantes. No vieron nunca a la Universidad como un poder real de transformación política. Como están preocupados en hacer la revolución afuera, perdieron un poder transformador posible y mayoritario adentro. Ya pocos los tienen en cuenta para las propuestas populares y políticas en serio. Pero lo más notable es que el peronismo hizo su enroque: luego de perder el cetro del poder político volvieron a ocuparlo saltando por encima de De la Rua.
- ¿Cree que Gerez apareció por la presión política o para reforzar el miedo?
- Para mí la desaparición de Gerez se produce por lo que viene ahora, el próximo juicio público contra Von Wenick, el primer hombre de Iglesia latinoamericano que será condenado y mostrado universalmente como un torturador y asesino, avalado por la curia para estimular el genocidio. Creo que con la desaparición de Gerez intentaron parar ese juicio público que está próximo. No creo que fuera obra de Patti, quien será un asesino y un torturador, pero era muy obvio que lo terminaba perjudicando a él. Que no podía ser obra suya, aunque sí de la cofradía que en función de intereses mayores y más poderosos le pasaron por encima.
Esta nota se publicó en lavaca.org el 5/01/2007. Bajo la autorización de los colaboradores de esa publicación la reproducimos en forma total.

viernes, diciembre 08, 2006

Esgrafiado en Homenaje a los Desaparecidos y a las Madres



En la foto se muestra el trabajo de esgrafiado que hicieron profesores egresados de la Escuela de Arte, en homenaje a los Desaparecidos y a sus madres. Está ubicado en el perimetral de la Estación de Campana.
Los autores son: Amira Reynoso, Betiana Rouch, Checho Pérez y Carolina Piseta.

Pucheta, Aldo

Pucheta, Aldo
Fecha de desaparición: 01/01/76 (según su cuñado, Julio Novillo Corvalán, su desaparición data de mayo de 1976).
Lugar: Barrio Lubo.

Novillo Corvalán, Rosa Eugenia


Novillo Corvalán, Rosa Eugenia
Fecha de desaparición: 01/01/76 (según su hermano Julio,
la desaparición data de mayo de 1976)
Lugar:

Izaga, Celia Martha


Izaga, Celia Martha
Fecha de desaparición: 14/04/77
Lugar:

Gatica, Carlos Martín

Gatica, Carlos Martín
Fecha de desaparición:15/10/76
Lugar:

Garello, Luis Lorenzo


Garello, Luis Lorenzo
Fecha de desaparición: 25/08/76
Lugar:

Cuenca, Ricardo

Cuenca, Ricardo
Fecha: 16/03/76 (secuestrado y asesinado: se encontró su cuerpo al tiempo de ser "chupado")
Lugar: